Lunes 10 de febrero
“EN EL ACTO MISMO”
Lee Juan 8:1 al 11. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Jesús y los desechados sociales?
Después de su retiro en el Monte de los Olivos, Jesús regresó al Templo. Allí lo rodeó una multitud. Mientras Cristo enseñaba, los fariseos arrastraron a una mujer adúltera ante él. Preguntaron a Jesús con respecto a la legislación mosaica acerca del adulterio, que establece la ejecución. Jesús reconoció que el propósito de ellos era entramparlo, no buscar la verdad. La pena capital (pena de muerte) había sido retirada de las cortes judías. Pero, ellos razonaban que, si él rechazaba que se apedreara a la mujer, quedaría comprometido frente a sus seguidores judíos. Inversamente, si él apoyaba la ejecución, podían acusarlo de violar la autoridad romana.
Atrapada en medio de la intriga de los líderes estaba esta mujer culpable e indefensa. Al no estar familiarizada con el ministerio de Jesús, ella no conocía su naturaleza llena de misericordia. Irónicamente, él parece declarar su sentencia de muerte; sin embargo, antes de su declaración, pronunció estas palabras inolvidables: “El que de vosotros esté sin pecado…”
Esas palabras nivelaron la situación. Personas sin pecado podrían haber ejecutado el castigo sin misericordia. No obstante, los pecadores estaban obligados a ser misericordiosos. Pero, con la excepción de Jesús, no había presente ninguna persona sin pecado. Gradualmente, los dirigentes religiosos se dispersaron, y esta mujer desechada socialmente y culpable recibió gracia.
“En su acto de perdonar a esta mujer y estimularla a vivir una vida mejor, el carácter de Jesús resplandece con la belleza de la justicia perfecta. Aunque no toleró el pecado ni redujo el sentido de la culpabilidad, no trató de condenar sino de salvar. El mundo tenía para esta mujer pecadora solamente desprecio y escarnio; pero Jesús le dirigió palabras de consuelo y esperanza” (DTG 427).
Aunque Elena de White no da más detalles de la intriga con respecto a esta mujer, sin ninguna duda era una adúltera, hallada “en el acto mismo”. La estratagema de los líderes no cambia el hecho. Y no obstante, ella igual fue perdonada. ¿Cómo aprendemos a mostrar gracia a los culpables sin “atenuar” el pecado?

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