Lección 7 | Sábado 8 de agosto 2015 | Para memorizar | Escuela Sabática

Sábado 8 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Timoteo 1:8, 9; Isaías 42:1-9; Daniel 9:24-27; Lucas 2:8-14; Mateo 10:5, 6; Hechos 1:1-14.

PARA MEMORIZAR:

“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).

DE ACUERDO CON LAS ESCRITURAS, una actividad fundamental de la Trinidad es la misión. Padre, Hijo y Espíritu Santo están involucrados en salvar a la humanidad. Su palabra comenzó en ocasión de la Caída, y continúa hasta el fin. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo restaurarán este mundo redimido a la plena unidad con la voluntad divina.

Según los evangelios, Jesús se sometió al cambio radical de tomar la condición humana, que era necesaria para que su misión tuviera éxito. En Jesucristo, el significado de la historia llega a su foco, la actividad misional total de Dios llega a ser coherente y se cumplen las necesidades humanas más profundas para una existencia significativa.

En el Nuevo Testamento nos enteramos de los propósitos de la encarnación de Jesucristo. Encontramos aquí cómo bosqueja él el programa para la misión, y obtenemos vislumbres del modo en que Jesús se enfrentó con gente de otras naciones, personas que profesaban una fe diferente. En la Palabra de Dios, podemos ver la increíble actividad salvífica de Dios en favor de la humanidad caída.

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