Lección 8 | Domingo 13 de agosto 2017 | Cadenas de esclavitud frente a la puerta hacia la libertad | Escuela Sabática Jóvenes

DOMINGO 13 AGOSTO
CADENAS DE ESCLAVITUD FRENTE A LA PUERTA HACIA LA LIBERTAD
Evidencia | Gál. 4:7
“¡Amandla awethu!”* Nunca antes el dolor y la fortaleza se habían unido para formar una fuerza tan potente que pronto hasta las ataduras de un gobierno poderoso cedieron ante el grito de LIBERTAD. La lucha de la esclavitud y la opresión bajo leyes obligatorias no es solo una historia que los sudafricanos les cuentan a sus hijos, sino además una batalla que dejó grandes cicatrices en nuestra nación, que recién ahora está sanando. La esclavitud a una ley que parecía elevar a unos mientras oprimía y aislaba a los otros, no es solo una tragedia literaria, sino también algo muy real hoy, así como lo era en la época en que Pablo escribía esta carta a los gálatas.
Cierta vez, me dijeron que el evangelio es sencillo. La salvación es un regalo, gratuita para todo aquel que cree; y en todo lo demás, Dios guiará. A pesar de haber crecido en la iglesia, igualmente me resultó difícil comprender esa simplicidad. Imagina la dificultad a la que se enfrentó Pablo al tratar de explicar el regalo de la libertad espiritual y la salvación por medio de Cristo, y no de las obras.
La humanidad ha estado sujeta a las cadenas de la esclavitud desde el jardín del Edén. En todo el Antiguo Testamento se nos recuerda el dolor y la tristeza con que nos hirieron estas cadenas. Pablo estaba hablando a los gálatas en un momento en que los gentiles habían comenzado a oír las buenas nuevas y a unirse en hermandad con los judíos. Por supuesto, los judíos en ese tiempo no estaban aceptando completamente a los miembros de la familia recién adoptados, y habían comenzado a imponer reglas y normativas a los gentiles. Circuncidarse; guardar los días festivos; hacer esto y aquello… Abrumados, los gentiles comenzaron a volver a sentir esa sensación de esclavitud. Y esta vez no solo se sentían esclavos del pecado, sino también de las leyes que se les presentaban como única forma de obtener la salvación y agradar a Dios. A semejanza de las leyes impuestas en Sudáfrica a quienes no eran blancos, no se presentaban como opresión, sino como una forma de mantener apartados a quienes no eran blancos (y aparentemente indignos) de las oportunidades que los blancos creían que eran legítimamente suyas.
De la misma manera, los judíos sentían que el Reino era legítimamente herencia suya, como le había sido prometido a Abraham. ¿Por qué un gentil indigno, que no cumplía con la ley, podría llegar a recibir un lugar en el banquete?
La respuesta a esta pregunta es el tema de esta carta de Pablo. Él comparte esperanza: esperanza para quienes estaban sujetos a los pecados, pero también esperanza para quienes sentían que para agradar a un Dios perfecto, primero debían guardar perfectamente sus leyes. Esta es una perversión del evangelio, ya que por nosotros mismos no podemos hacer nada. Pero por la fe en Cristo podemos tener la paciencia de los santos y guardar los Mandamientos de Dios. La Carta a los Gálatas nos recuerda que la puerta hacia la libertad espiritual ha sido abierta, y todo aquel que cree puede entrar en la familia de Dios.
* Un grito de guerra popularizado durante el movimiento del Apartheid: “¡El poder para nosotros!”
Christelle Govender, Durban, KwaZulu-Natal, Sudáfrica

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