Domingo 16 de febrero
RICAMENTE BENDECIDOS
Como seres humanos caídos, estamos sujetos a los celos, especialmente de los que tienen más dinero que nosotros (sin importar cuánto dinero tengamos ya nosotros mismos). La Biblia no menospreció la riqueza ni a los ricos. Como en muchos otros aspectos de la vida, surgen problemas no por las cosas mismas, sino por la forma en la que nos relacionamos con ellas.
¿Qué consejo ofrece la Escritura con respecto a la riqueza? Deut. 8:17, 18; Gén. 13:5, 6; 41:41-43; Job 1:1-3; Dan. 4:28-31. ¿Por qué era muy importante que Israel no olvidara de dónde provenían sus bendiciones?
No hay dudas de que personas como Abraham, José, Mardoqueo, Ester, Ezequías, Josías y Josafat fueron ricos, pero también con mentalidad espiritual. Sin embargo, el ejemplo de Nabucodonosor muestra el peligro que produce hacer de las riquezas un ídolo, lo que es muy fácil que cualquiera haga. Inversamente, para el antiguo Israel, el reconocer la generosidad de Dios al suministrar la riqueza traía bendiciones espirituales y materiales. Se les advirtió específicamente que no olvidaran de dónde venían esas bendiciones (y es también una buena lección para nosotros).
En pocas palabras, las riquezas mismas no indican pobreza espiritual o indiferencia. Ha habido personas ricas muy piadosas y fieles, y también algunas bastante desagradables y malas. De cualquier manera, no deberíamos permitir que el deseo de tener dinero llegue a ser una obsesión, ni debemos despreciar a los que son ricos. Ellos necesitan la salvación tanto como cualquier otra persona.
¿Cuál es tu actitud hacia los ricos? Es fácil ponerse celoso, ¿verdad? ¿Cómo puedes aprender a ir más allá de esos sentimientos, y ver a las personas ricas como son, almas con necesidad de un conocimiento salvador de Jesús?

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