Domingo 18 de agosto
LA VOLUNTAD DE DIOS Y SU PALABRA
La verdadera espiritualidad se concentra en conocer a Dios y hacer su voluntad (Juan 17:3; Heb. 10:7). Cualquier “reavivamiento” que enfatice la experiencia en vez del compromiso de obedecer la Palabra de Dios está errado. El Espíritu Santo siempre nos llevará adonde la Palabra de Dios nos guía (2 Tim. 3:16). Es el fundamento y el centro de todo verdadero reavivamiento.
Los siguientes pasajes del Salmo 119 ¿qué revelan acerca del reaviva- miento y la Palabra de Dios? Enumera las cualidades espirituales que desarrolla la Palabra en nuestras vidas. Sal. 119:25, 28, 49, 50, 67, 81, 105, 116, 130, 154. ¿Qué significan estas promesas en nuestra experiencia con Dios?
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En el sermón sobre el Pan de Vida, Jesús explicó la esencia de todo reaviva- miento y el fundamento de toda vida espiritual. Declaró: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Esta declaración es muy importante. El Espíritu Santo habla por medio de la Palabra de Dios y da, a quienes tienen fe, una profunda vida espiritual. El reavivamiento ocurre cuando el Espíritu Santo impresiona las palabras de Jesús en nuestra mente. Jesús dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4).
“En muchos despertamientos religiosos que se han producido durante el último medio siglo, se han dejado sentir, en mayor o menor grado, las mismas influencias que se ejercerán en los movimientos venideros más extensos. Hay una agitación emotiva, mezcla de lo verdadero con lo falso, muy apropiada para extraviar a uno. No obstante, nadie necesita ser seducido. A la luz de la Palabra de Dios, no es difícil determinar la naturaleza de estos movimientos. Dondequiera que los hombres descuiden el testimonio de la Biblia y se alejen de las verdades claras que sirven para probar el alma, y que requieren abnegación y desprendimiento del mundo, podemos estar seguros de que Dios no dispensa allí sus bendiciones” (CS 517, 518).
El verdadero reavivamiento es descubrir la voluntad de Dios manifestada en su Palabra. Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte, fue conducido por el Espíritu Santo y recibió poder de él.

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