Lunes 18 de noviembre
ABOGADO E INTERCESOR
Lee Romanos 8:31 al 34. ¿Qué gran esperanza y promesa se nos ofrece aquí?
El trasfondo de los versículos 31 al 34 es una escena de un tribunal en el que debemos visualizarnos como acusados. Se hacen preguntas: ¿Quién está contra nosotros? ¿Quién nos acusará? ¿Quién nos condena? Una situación tal podría fácilmente producirnos escalofríos. Después de todo, ¿no nos damos cuenta claramente de nuestra imperfección y pecaminosidad humanas?
Sin embargo, no necesitamos temer. La promesa de que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios se centra en varios puntos importantes: Dios está a nuestro favor (vers. 31), Dios entregó a su Hijo por nosotros (vers. 32), Dios nos da libremente todas las cosas (vers. 32) y Dios nos justifica (vers. 33). Jesucristo está de nuestro lado. Jesús es la respuesta a cualquier temor de condenación, porque él murió, resucitó, y está ahora intercediendo continuamente por nosotros en el Santuario celestial a la diestra de Dios (vers. 34).
Si alguien va a morir voluntariamente por nosotros, deberíamos sentir confianza en su amor. La certeza revelada en Romanos 8:31 al 39 está diciéndonos realmente la clase de Dios en el que creemos. Si entendemos que nuestro Dios nos ama tanto que nada puede torcer sus propósitos para nosotros (vers. 35-39), el tribunal divino llega a ser un lugar de gozo y regocijo.
Esta verdad llega a ser aún más clara en 1 Juan 2:1 y 2. El griego parákletos designa a un asistente legal, o abogado; alguien que aparece a favor de otro como “intercesor”. Jesús es nuestro Abogado, y él nos defiende, porque de otro modo no tendríamos esperanza.
Nuestro Abogado es “justo”, lo que nos da la seguridad de que el Padre escuchará la intercesión de Cristo, pues Cristo no podría hacer nada que su justo Padre rechazara. Cristo intercede por aquellos que pecaron, y se presenta a sí mismo –el que no pecó– como el Justo que está en el lugar de ellos.
¿Cómo puedes experimentar mejor la maravillosa verdad de que nada te separará del amor de Dios? ¿Cómo puedes usar esta certeza como motivación para vivir como Dios quiere que vivas, a diferencia, tal vez, de cómo estás viviendo ahora?

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