Martes 19 de agosto
LA PROVISIÓN DE CRISTO PARA LA UNIDAD
¿Cuál es el fundamento de la unidad que pidió Jesús para su iglesia? Juan 17:23; Juan 15:1-5.
“Vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20) expresa la relación íntima que debemos tener con Jesús. La presencia de Jesús en nuestros corazones produce unidad. Él trae a nuestra vida dos cosas que son indispensables para la unidad: la Palabra divina y el amor divino.
Si tenemos a Jesús, también tendremos sus palabras, que, en realidad, son las palabras del Padre (Juan 14:24; 17:8, 14). Jesús es “la verdad” (Juan 14:6), y la Palabra del Padre también “es verdad” (Juan 17:17). La unidad en Jesús significa unidad en la Palabra de Dios. A fin de tener unidad, debemos estar de acuerdo con el contenido de la verdad, tal como es presentada en la Palabra de Dios. Cualquier intento de obtener unidad sin adherirse a un cuerpo de creencias bíblicas está destinado a fracasar.
El Señor también desea que sus seguidores estén unidos por el amor verdadero. Si tenemos a Jesús, tendremos el amor perfecto que el Padre tiene para con el Hijo (Juan 17:26). Este amor no es una emoción o un sentimiento temporal, sino un principio viviente y permanente de acción. A fin de poseer amor verdadero, debemos tener menos del yo y más de Jesús. Nuestro orgullo egoísta debe morir, y Jesús debe vivir en nosotros. Entonces, nos amaremos verdadera y sinceramente los unos a los otros, haciendo posible la unidad perfecta que Jesús pidió.
“Cuando aquellos que profesan creer la verdad sean santificados en la verdad, cuando aprendan de Cristo, de su mansedumbre y humildad, entonces habrá unidad completa y perfecta en la iglesia” (ST, 19 de septiembre, 1900).
No siempre ha sido fácil mantener la verdad en alta estima y, al mismo tiempo, tener verdadero amor unos por otros. Siempre existe el riesgo de enfatizar uno a expensas del otro. Hubo un tiempo en el que la doctrina sola era considerada el elemento más importante para la unidad. Afortunadamente, esta falta de equilibrio se ha ido corrigiendo gradualmente. Hoy, sin embargo, corremos el riesgo de irnos al otro extremo: pensar que, para la unidad, el amor es más importante que la verdad. Debemos recordar que el amor sin la verdad es ciego, y la verdad sin amor es infructuosa. La mente y el corazón deben trabajar juntos.
La iglesia apostólica exhibió la unidad por la cual oró Jesús: “Y perseveraban en la doctrina [verdad] de los apóstoles” y “en la comunión [amor] unos con otros” (Hech. 2:42).
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