Lección 8 | Martes 20 de febrero 2018 | El propósito del diezmo | Escuela Sabática

Martes 20 de febrero
EL PROPÓSITO DEL DIEZMO
Pablo le escribe a Timoteo: “No pondrás bozal al buey que trilla”, y “Digno es el obrero de su salario” (1 Tim. 5:18). Aquí, Pablo cita a Moisés, en Deuteronomio 25:4, en cuanto al buey; y a Jesús, en Lucas 10:7, en cuanto al obrero. La frase sobre el buey parece haber sido un proverbio, y significa que es justo que el buey coma grano mientras trabaja. De la misma manera, el segundo proverbio significa que los obreros dedicados que predican el evangelio debieran ser recompensados con un salario.
Dios crea los sistemas e interviene en ellos. Creó sistemas solares, ecosistemas, sistemas digestivos, sistemas nerviosos y muchos más. Los levitas usaban el sistema del diezmo (Núm. 18:26) para atender el Tabernáculo y sostenerse. El equivalente actual serían quienes dedican su vida a predicar el evangelio. El sistema de diezmos de Dios es el medio que escogió para sostener el ministerio, y se ha utilizado a lo largo de toda la historia de la salvación. Por ende, para la obra de Dios, es fundamental sustentar a estos obreros con el diezmo.
¿Qué quiere decir Pablo y cuál es la implicación moral de la frase: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Cor. 9:14)? ¿Qué enseña 2 Corintios 11:7 al 10 sobre la necesidad de sostener a aquellos que difunden el evangelio?
Cuando Pablo dijo: “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros” (2 Cor. 11:8), hablaba irónicamente de recibir un salario de parte de una iglesia macedonia pobre mientras atendía a una iglesia de Corinto rica. Lo que le quería transmitir a la iglesia de Corinto era que quienes predican el evangelio merecen recibir su paga.
El diezmo debe usarse con un propósito especial y debe seguir siendo así. “El diezmo ha sido puesto aparte con un propósito especial. No debe considerarse como un fondo para pobres. Debe dedicarse especialmente al sostén de los que predican el mensaje de Dios al mundo; y no hay que desviarlo de este propósito” (CMC 108).
Lee Levítico 27:30. ¿De qué manera el principio que encontramos aquí se aplica a nosotros hoy?
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