Lección 8 | Miércoles 21 de febrero 2018 | El depósito | Escuela Sabática
Miércoles 21 de febrero

EL DEPÓSITO
Dios tiene un depósito para el viento (Jer. 10:13), el agua (Sal. 33:7), la nieve y el granizo (Job 38:22), y sobre todos ellos tiene control total. Sin embargo, el depósito más preciado de Dios es el que comprende el diezmo. “Yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión” (Núm. 18:21). En este versículo se menciona, por primera vez, dónde se almacena el diezmo y lo que hoy se conoce como “el principio del depósito”. Dios también instruyó a los israelitas a llevar el diezmo a un lugar que él eligió (Deut. 12:5, 6). Durante la época de Salomón, el diezmo era devuelto en el Templo de Jerusalén. Los israelitas entendieron fácilmente qué era y dónde estaba el “depósito” cuando el profeta Malaquías les dijo: “Traigan todos los diezmos al depósito del templo” (Mal. 3:10, NTV). El depósito representaba el lugar desde donde se llevaban a cabo los servicios religiosos y de donde los levitas obtenían su sustento.
¿Qué otros nombres se utilizan en las Escrituras para identificar el depósito? 1 Crón. 26:20; 2 Crón. 31:11-13; Neh. 10:38.
Llevar el diezmo sagrado al depósito es el único modelo presentado en la Biblia. En cada dispensación, Dios ha tenido un depósito central para administrar el diezmo. Los adventistas del séptimo día constituyen una religión/iglesia mundial en la que se acepta y se practica el principio del depósito. Se invita a los miembros a devolver el diezmo a la tesorería de la asociación/misión a través de la iglesia local de la que son miembros. Los pastores reciben su salario de la tesorería de esa asociación/misión.
“A medida que la obra de Dios se extienda, se pedirá ayuda más y más frecuentemente. Para que estas peticiones puedan atenderse, los cristianos deben prestar atención al mandato: ‘Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa’ (Mal. 3:10). Si los profesos cristianos fueran fieles en traer a Dios sus diezmos y ofrendas, su tesorería estaría llena. No habría entonces que recurrir a exposiciones, loterías o excursiones de placer para asegurar fondos para el sostén del evangelio” (HAp 272).
Piensa en lo que ocurriría si la gente enviara sus diezmos a donde quisiera. Si todo el mundo hiciera eso, ¿qué pasaría con la obra de Dios? Por lo tanto, ¿por qué es importante que entreguemos nuestros diezmos en donde corresponde?
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