Sábado 17 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 19:16-22; Juan 13:34, 35; Gálatas 6:1-5; Hechos 17:31; Juan 5:30.
PARA MEMORIZAR:
“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).
EN LA MAYORÍA DE LAS NACIONES, EXISTE UNA JERARQUÍA DE LEYES. En la cima, hay leyes que provienen del Gobierno nacional, a las cuales están obligados todos los que residen en el país. Luego, hay leyes en el ámbito provincial, que afectan a los habitantes de ciertos territorios. Finalmente, leyes locales gobiernan los distritos más pequeños. Aunque cada división dentro de un país puede dictar leyes que sean relevantes para sus habitantes, ninguna ley local puede contradecir las leyes nacionales. Y, aunque por las circunstancias se pueda dictar una cierta ley que se aplique de diferentes maneras, la aplicación no puede desviarse del espíritu de la ley.
Como la Corte Suprema del universo, el Dios creador ha establecido leyes para todas sus criaturas. Cuando Jesucristo voluntariamente se transformó en carne humana, se entregó a sí mismo a una vida de obediencia a su Padre (Fil. 2:5-11) y a sus mandamientos. Así, todo lo que Jesús enseñó, la perspectiva que le dio a la Ley, aun el “nuevo” mandamiento que proclamó, siempre estuvo en total armonía con la Ley de Dios.

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