Lección 9 | Domingo 20 de agosto 2017 | Vasijas fieles | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 20 AGOSTO
VASIJAS FIELES
Logos | 2 Rey. 4; Hech. 26:28. 29; 2 Cor. 5:17; Gál. 4:12-20; 5:14.
Ser libre (Gál. 4:19)
La carta de Pablo a las iglesias de Galacia les reprocha a los hermanos creyentes su olvido del evangelio de Dios, y los llama a obedecer a la verdad y el amor, antes que a la ley mosaica. A los fariseos a menudo les era difícil permitir que ciertas interpretaciones de la ley mosaica y otras cargas legales, de origen humano, dejaran de tener la posición de autoridad suprema en la vida de la gente. Como resultado, muchos de estos creyentes se centraban en la salvación por obras; o lo que es peor, volvían a sus estilos de vida paganos. Por tanto, Pablo se autodenomina padre de esos gálatas desobedientes, así como Dios cuidó a los hijos desobedientes del pueblo de Israel. Como una madre en medio de los dolores del trabajo de parto, Pablo reprende con urgencia a sus hermanos, “hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gál. 4:19).
El remedio de Pablo ante esa decadencia espiritual era tener fe. Porque Abraham creyó, todas las naciones fueron bendecidas en él; y los hijos de Isaac, hijo de Sara (la mujer libre), son del pacto de la promesa. Los nacidos de Ismael, el hijo de la sierva, son esclavos de la ley, del pacto realizado con Moisés en el Monte Sinaí (nota el paralelismo). Sí, la ley mosaica fue provista por Dios, pero no se la debe seguir sin fe. La clave es tener fe. Y cuando respetamos esa fe, seremos llenos del Espíritu Santo, quien nos guiará a seguir la ley por amor, no por temor a perder la salvación. La fe mueve montañas.
Al final, Pablo dice que los gentiles recibieron una “circuncisión” espiritual, por así decirlo, de parte del Espíritu, y no se les requería recibir una circuncisión física, a pesar de la ley. Los gentiles se pueden injertar en Cristo con tanta facilidad como se quiebra una rama. Entones, la pregunta es: ¿estamos preparados para ser injertados, o estamos a punto de venirnos abajo?
Relaciones interpersonales (Gál. 4:12-16)
Aunque la mayor parte de la carta de Pablo a los gálatas se enfoca en el tema de “fe versus obras”, Pablo también se detiene sutilmente en su propia preocupación por la relación que tiene con ellos. “Como bien saben, la primera vez que les prediqué el evangelio fue debido a una enfermedad, y, aunque esta fue una prueba para ustedes, no me trataron con desprecio ni desdén. Al contrario, me recibieron como a un ángel de Dios, como si se tratara de Cristo Jesús” (Gál. 4:13, 14). Antes, en el capítulo 1, Pablo proclama que predica el evangelio para agradar a Cristo, no al hombre, y que recibe su habilidad para predicar de la autorevelación de Cristo. Por tanto, no solo era importante que oyeran, sino también que hicieran caso de su mensaje. Ellos confiaban en él, aunque estaba enfermo. Lo recibieron de todo corazón.
Ahora, como él duda de la fe que ellos tenían en Cristo, los amonesta; pero esto parece enojarlos, o quizá avergonzarlos (Gál. 4:16). No siempre es divertido estar equivocados o renunciar a cosas que codiciamos; pero la verdad es lo que liberta a las almas. Muchas veces, es por medio del fracaso que aprendemos cómo encontrar un camino mejor.
Dios es amor (2 Rey. 4; Hech. 26:28, 29; 2 Cor. 5:17; Gál. 5:14)
Cuando tenemos fe, desechamos nuestro viejo yo y nos revestimos de Cristo. “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Cor. 5:17). En este nuevo yo, nuestra relación con Cristo es lo que nos hace justos, por la glorificación que recibimos de Aquel que nos extendió su gracia para poder ser redimidos. Pero buscar la justicia por la ley significa que Jesús murió en vano. Por tanto, hermanos y hermanas, recordemos que en Cristo todos somos uno, y todos recibimos el mismo desafío: irradiar el glorioso Aceite. ” ‘Un poco más y me convences a hacerme cristiano’, le dijo Agripa. ‘Sea por poco o por mucho’, le replicó Pablo, ‘le pido a Dios que no solo usted, sino también todos los que me están escuchando hoy lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas’ ” (Hech. 25:28, 29). Intenso, ¿no es así?
La intención de la ley era acercarnos a Cristo hasta que Cristo pudiera llegar a nosotros. Ahora somos llamados a tener fe en lo que no vemos y ser llenos del Espíritu Santo. Solo entonces podemos ser justos por la fe y fortalecernos para soportar las pruebas que tengamos por delante. Sin embargo, somos llamados a seguir un aspecto de la ley en todo momento:” En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’ ” (Gál. 5:14). Somos llamados a ser llenos del Espíritu Santo, y luego a verter el Espíritu por medio del evangelio en cada “vasija vacía”, hasta que nos quedemos sin vasijas que llenar (2 Rey. 4). Y, quién sabe, quizá nosotros seamos esas vasijas que necesitan ser llenadas.

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