1. Lección 9 para el 29 de noviembre de 2014
2. LA LEY El legislador (4:12) El transgresor Murmurar y juzgar (4:11) Planificar sin Dios (4:13) Una neblina (4:14) Jactancia y responsabilidad (4:15-17)
3. «Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?» (Santiago 4:12) El más indicado para juzgar es Aquel que ha dado la ley. El Legislador puede decidir con pleno conocimiento quién debe ser absuelto y quien condenado; quién se salva y quién se pierde (Juan 5:22) ¿Quién es el único dador de la Ley y único Juez capacitado para juzgar a toda la humanidad? «Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará» (Isaías 33:22)
4. «El Hijo de Dios habló a Moisés desde la cumbre de la montaña… El divino Legislador descendió sobre la rocosa montaña para pronunciar su ley a oídos de todo el pueblo, a fin de que sus hijos pudieran ser impresionados por la grandiosa y pavorosa exhibición de su poder y gloria, y temiesen transgredir su mandamiento. Dios pronunció su ley en medio de truenos y relámpagos y la espesa nube que estaba en la cumbre de la montaña, y su voz era como voz de trompeta de gran intensidad. La ley de Jehová no podía ser cambiada, y las tablas en las cuales Él escribió la ley eran sólidas rocas, lo cual simbolizaba la inmutabilidad de sus preceptos» E.G.W. (Reflejemos a Jesús, 22 de marzo)
5. «Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez» (Santiago 4:11) Al hablar contra algún hermano (murmurar), emitimos un juicio contra él con la intención de hacerle daño. Al murmurar, decimos que la ley condena al hermano, pero no me condena a mí. Nos ponemos por encima de la ley, sustituyendo la Ley por nuestra opinión (juzgamos la ley en lugar de cumplirla).
6. «Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez» (Santiago 4:11) ¿En qué situaciones sí sería correcto juzgar? «¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos?» «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre» (1ª de Corintios 6:5; Gálatas 6:1) La iglesia necesita personas con discernimiento espiritual que sean capaces de juzgar y restaurar al hermano que yerra. Pero esto nunca debe hacerse a título personal, sino como cuerpo eclesiástico.
7. «¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos» (Santiago 4:13) Es evidente que, con esta frase, Santiago desaprueba la conducta de los que planifican para su futuro. Pero, ¿qué hay de malo en planificar nuestras actividades a corto, medio o largo plazo? Al igual que el hombre de la parábola que planeaba la construcción de más graneros, estos miembros de iglesia hacían planes para el futuro como si Dios no existiera (Lucas 12:16-21). Además, hacían esos preparativos como si su futuro dependiera de sus propias manos, cuando es Dios el único que puede decidir si mañana viviremos o no.
8. «cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece» (Santiago 4:14) Nuestra vida es como un vapor que se desvanece. ¿Cómo, pues, osamos hacer planes para nuestro futuro sin contar con Aquel que es el único que puede hacer que la neblina que es nuestra vida se desvanezca o permanezca? Al igual que los murmuradores, aquellos que no cuentan con Dios a la hora de planificar su vida, se colocan por encima de la ley. Se hacen jueces de su propia vida, creyendo que tienen alguna potestad sobre ella. La palabra usada aquí («neblina») es la misma que usó Salomón cuando dijo que «todo es vanidad» (Eclesiastés 1:2).
9. «En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Santiago 4:15-17) La autosuficiencia es definida aquí como soberbia y jactancia. Esta jactancia se nos dice que es mala. Y, como cristianos, debemos rechazar todo lo malo. Además, Santiago redefine el pecado. El pecado no es solamente transgredir la ley (1ª de Juan 3:4). Existe un pecado «pasivo»: saber hacer lo bueno y no hacerlo. «La ley de Dios condena no solamente lo que hemos hecho sino lo que hemos dejado de hacer. En el día final nos encontraremos con un registro de pecados de omisión así como de comisión, y de toda cosa secreta» E.G.W. (Manuscript Releases, t. 6, p. 141)
10. E.G.W. (Testimonios para la iglesia, tomo 7, pg. 46) «Cada mañana consagraos a Dios con vuestros hijos. No contéis con los meses ni los años; no os pertenecen. Sólo el día presente es vuestro. Durante sus horas, trabajad por el Maestro, como si fuese vuestro último día en la tierra. Presentad todos vuestros planes a Dios, a fin de que él os ayude a ejecutarlos o abandonarlos según lo indique su Providencia. Aceptad los planes de Dios en lugar de los vuestros, aun cuando esta aceptación exija que renunciéis a proyectos por largo tiempo acariciados. Así, vuestra vida será siempre más y más amoldada conforme al ejemplo divino, y “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4:7»

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