NO ERES MI JEFE; PERO… ESPERA… QUIZÁ QUIERO QUE LO SEAS
Recuerdo haber pasado por una de esas “fases” en las que estaba segura de que todo el mundo me estaba diciendo cómo debía vivir. Mis padres se metían “en mis asuntos”, así como mis profesores, mis hermanos, e Incluso mis compañeros. A menudo mi respuesta era: “No eres el jefe de mi vida”. Pero un día usé las reglas de mis padres como excusa para salirme de una situación difícil, con un supuesto amigo que quería que yo participara de algo que sabía que estaba mal. Recuerdo el sentimiento de alivio que experimenté al disfrutar de la seguridad de sus reglas, o, como prefiero llamarlas, sus “perímetros de amor”.
Vivimos en una sociedad llena de reglas, y a menudo suspiramos al pensar en todas ellas. Al leer los periódicos o escuchar la radio o la televisión, vemos lo que sucede a quienes no siguen las reglas. Estos son lineamientos a seguir para evitar pagar multas; y lastimar a otros, o a nosotros mismos.
Hay reglas establecidas para guiar a la sociedad como conjunto, y existen reglas para “unidades” de individuos dentro de la sociedad (por ejemplo, pagar una multa cuando no devolvemos un libro de la biblioteca a tiempo).
Todas estas reglas nos ayudan a vivir una vida mejor.
Cuando leo el Sermón del Monte de Cristo, mi corazón se llena de gratitud por un Dios que no nos condena por nuestra debilidad humana, sino que nos muestra el camino a la justicia. Él no solo nos bendice, sino además nos da esperanza en nuestra obediencia: esperanza de una vida mejor. ¿Quién no quisiera heredar la tierra, obtener misericordia o ser un hijo de Dios? Sus leyes, creadas para nuestra protección, muestran claramente el mismo amor que los padres tienen por sus hijos: un amor que los envuelve para su seguridad. Cuando tomamos en serlo el Sermón del Monte, se vuelve personal. Sacudirá nuestro mundo, porque a menudo pensamos que las reglas son para los otros, pero se supone que nos mantienen a nosotros a salvo. ¡Qué Importante es, entonces, entender que al cumplir las leyes de Dios somos mayordomos, no solo de nosotros mismos, sino de las vidas de nuestros semejantes!
BIBLIA EN MANO
Lee Mateo 5:44 y 45. ¿Qué nos está diciendo Jesús aquí? Más importante aún, ¿de qué modo puedes aplicar esta enseñanza a tu propia vida, con alguien que te ha hecho algún daño?

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