Sin importar que lo haya dicho en tono burlesco y con marcada ironía, me parece que Fernando Savater, el filósofo y agnóstico es- pañol, tiene toda la razón cuando al referirse al descanso sabático expresó lo siguiente: «¡Por fin un mandamiento en el que se nos ordena algo agradable!». 1 No obstante, dos mil setecientos años de Savater, el profeta Isaías había declarado que el sábado es un «día de alegría» (58:13, DHH). 2 La RV95 lo llama «delicia». El vocablo hebreo oneg hace alusión a lo que es «exquisito, delicado», 3 por ello «el sábado no es ni por asomo un día de melancolía ni tristeza, sino un día de gozo y delicia. La persona que llama al sábado “delicia” es también aquella que ha de deleitarse en el Señor». 4 Elena G. de White recalcó esta gran verdad al escribir que «la observancia del sábado entraña grandes bendiciones, y Dios desea que el sábado sea para nosotros un día de gozo. La institución del sábado se estableció con gozo» (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 351).

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