NOTAS DE ELENA 2013Lunes 7 de enero:
Sea la luz
El relato bíblico está en armonía consigo mismo y con la enseñan-za de la naturaleza. Del primer día empleado en la obra de la crea-ción se dice: “Y fue la tarde y la mañana un día”. Lo mismo se dice en sustancia de cada uno de los seis días de la semana de la creación. La inspiración declara que cada uno de esos períodos ha sido un día compuesto de mañana y tarde, como cualquier otro día transcurrido desde entonces. En cuanto a la obra de la creación, el testimonio di-vino es como sigue: “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y exis-tió”.
¿Cuánto tiempo necesitaría para sacar la tierra del caos Aquel que podía llamar de ese modo a la existencia a los mundos innumerables? Para dar razón de sus obras, ¿hemos de violentar su Palabra? (La educación, p. 129).
El cielo, mirando hacia abajo y viendo los engaños en los cuales eran inducidos los hombres, conoció que un Instructor divino debía venir a la tierra. Mediante las falsas representaciones del enemigo, muchos habían sido tan engañados que adoraban a un dios falso, re-vestido de los atributos satánicos. Los que estaban en la ignorancia y las tinieblas morales debían recibir luz, luz espiritual; por cuanto el mundo no conoció a Dios, éste debía ser revelado a su entendimien-to. La Verdad miró desde el cielo, y no vio reflexión de su imagen; porque densas nubes de tinieblas y lobreguez espirituales rodeaban al mundo. Solamente el Señor Jesús podía disiparlas; porque él es la luz del mundo. Por su presencia, podía disipar la lóbrega sombra que Satanás había arrojado entre el hombre y Dios (Consejos para los maestros, pp. 28, 29).
Me fue revelado que los hijos de Dios moran demasiado bajo una nube. No es voluntad de su Padre que ellos vivan en incredulidad. Jesús es luz, y en él no hay tinieblas. Sus hijos son hijos de la luz. Son renovados a su imagen y llamados de las tinieblas a su luz admira-ble. Él es la luz del mundo, y lo mismo son los que le siguen. No de-ben andar en tinieblas, sino tener la luz de la vida. Cuanto más lucha el pueblo de Dios para imitar a Cristo, con tanta mayor perseveran-cia será perseguido por el enemigo; pero al estar cerca de Cristo se fortalece para resistir los esfuerzos que hace nuestro astuto enemigo para apartarlo de Jesús (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 157).
Dios requiere que los creyentes brillen como luces en el mundo. A cada discípulo de Cristo, y no solamente a los ministros, se le requie-re que su conversación sea celestial, y que mientras gozan de la co-munión con Dios, también mantengan relación con sus prójimos pa-ra expresarles, mediante palabras y acciones, el amor de Dios que llena sus corazones. De esta forma serán luz del mundo; luz que no se apagará ni será oscurecida. Para los que no caminan en ella se transformará en oscuridad; pero se incrementará su brillo para aquellos que la sigan y obedezcan (Review and Herald, 31 de agosto, 1886).

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