NOTAS DE ELENA 2013

Lunes 11 de febrero:
Un mundo caído
Dios maldijo la tierra por causa del pecado cometido por Adán y Eva al comer del árbol del conocimiento, y declaró: “Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”. El Señor les había proporcionado lo bueno y les había evitado el mal. Entonces les declaró que comerían de él, es decir, estarían en contacto con el mal todos los días de su vida.

De allí en adelante el género humano sería afligido por las tentaciones de Satanás. Se asignó a Adán una vida de constantes fatigas y ansiedades, en lugar de las labores alegres y felices de que habían gozado hasta entonces. Estarían sujetos al desaliento, la tristeza y el dolor, y finalmente desaparecerían. Habían sido hechos del polvo de la tierra, y al polvo debían retornar (La historia de la redención, pp. 41,42).

…El Señor preguntó a Caín dónde estaba su hermano, y éste contestó con una mentira: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Dios le informó que estaba al tanto de su pecado, que conocía todos sus actos, hasta los pensamientos de su corazón, y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”. La maldición sobre la tierra fue al principio muy leve; pero entonces [después de la muerte de Abel recayó sobre ella una doble maldición.

Caín y Abel representan dos clases de personas: los justos y los impíos, los creyentes y los incrédulos, que debían existir desde la caída del hombre hasta la segunda venida de Cristo. Caín, que mató a su hermano Abel, representa a los impíos que tendrían envidia de los justos y los odiarían porque serían mejores que ellos. Sentirían celos de los justos y los perseguirían y matarían porque sus buenas obras condena- rían su conducta pecaminosa (La historia de la redención, pp. 56, 57).

Cuando los justos sean resucitados, y el Rey de gloria abra ante ellos las puertas de la ciudad de Dios, y las naciones que han sido fieles entren por ellas, ¡qué belleza y gloria verán, con ojos asombrados, aquellos que en esta tierra solo vieron una naturaleza decadente por causa de la triple maldición sobre la tierra! (Spiritual Gifts, tomo 3, pp. 88, 89).

La gente que vivió antes del diluvio comía alimentos de origen animal y gratificaba su apetito hasta que se colmó la copa de la
iniquidad, y Dios limpió la tierra de su contaminación moral mediante el diluvio. Entonces descansó sobre la tierra la tercera maldición terrible. La primera maldición se pronunció sobre la posteridad de Adán y sobre la tierra, a causa de la desobediencia. La segunda maldición vino sobre la tierra después que Caín mató a su hermano Abel. La tercera y más terrible maldición de Dios vino sobre la tierra con el diluvio.

Después del diluvio la gente comía mayormente alimentos de origen animal. Dios vio que las costumbres del hombre se habían corrompido, y que él estaba dispuesto a exaltarse a sí mismo en forma orgullosa contra su Creador y a seguir los dictámenes de su propio corazón. Y permitió que la raza longeva comiera alimentos de origen animal para abreviar su existencia pecaminosa. Pronto después del diluvio la raza humana comenzó a decrecer en tamaño y en longevidad
(Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 445,446).

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