Lunes 12 de mayo – Devoción Matutina para Menores 2014 — La voz de una madre

«Como una madre consuela a su hijo, así los consolaré yo a ustedes» (Isaías 66: 13).

A medida que vamos creciendo, nos enfrentamos por primera vez a situaciones que nos asustan. Recuerdo muchas con claridad: mi primer día de escuela, mi primera visita al dentista, mi primer campamento, mi primer solo en la iglesia, mi primer recital de piano o mi primer día en la universidad.
Cada vez que me enfrentaba a una nueva experiencia, me sentía sola y asustada. Sin embargo, no estaba sola; mi madre siempre estaba a mi lado.
Cada vez que metía la pata como, por ejemplo, aquella ocasión en la que olvidé la pieza durante un recital de piano, ella estaba a mi lado para decirme que todo iba a salir bien. La primera vez que me sacaron una muela, me preparó una sopa de arvejas, mi favorita por aquel entonces.
También recuerdo la primera vez que me enamoré. Quedé destrozada cuando el rompecorazones de séptimo grado prefirió a una alegre jovencita de sexto llamada Judy en vez de a mí. Mi orgullo me impidió admitir ante mi madre que había sido cambiada por otra, sin embargo, ella supo que necesitaba consuelo.
Ahora que soy adulta sé que ella no era perfecta. Cometió errores. De hecho, ella a menudo deseaba tener otra oportunidad de hacer las cosas de nuevo, de un modo diferente. Durante mi adolescencia le reproché aquellos errores. No obstante, a pesar de los problemas, yo sabía que me quería, y aprendí a consolar a otros del mismo modo en que ella me consolaba a mí.
Dios dijo: «Como una madre consuela a su hijo, asilos consolaré yo a ustedes ». Dios promete consolarnos como una madre consuela a su hijo. Y he descubierto algo más en esta promesa. Veo que Jesús, como hombre, y siendo a su vez Dios, siguió el ejemplo de su madre para consolarnos a ti y a mí.
Esto es fascinante: el Hijo de Dios aprendió lo que era la compasión gracias a su madre.
Dedica hoy un minuto a darle las gracias a tu madre. Dale un gran beso y un fuerte abrazo. Recuerda con ella los buenos momentos del pasado, hablen de las primeras experiencias que pasaron juntos. Muestra a tu madre cómo estás aprendiendo el don de la compasión y reclama la promesa de Dios de que, a través de Jesús, está dispuesto a consolarte como una madre.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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