Lunes 14 de abril – Devoción Matutina para Menores 2014 — De Boston a Basilio

«Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve» (Isaías I: 18).

Al día siguiente, a la hora de la comida, los gatos de Liz ocuparon sus lugares en los escalones del jardín. Uno a uno, Liz les fue echando su comida en sus platos. De repente, Boston salió de entre los arbustos, y todos los gatos se quedaron paralizados. Los que estaban cerca de los arbustos comenzaron a retirarse hacia las sombras. Otros tres salieron corriendo.
Liz se quedó inmóvil mientras Boston caminaba hacia ella. Se movía de manera resuelta, sin apuros, ignorando a los demás gatos mientras huían. Se detuvo frente a Liz y la miró. Su cola estaba levantada con el clásico gesto de saludo. Seguidamente, maulló. Era la primera vez que reconocía la presencia humana con un maullido. Liz se preguntaba si sería una estrategia. ¿Saltaría repentinamente para arañarle la cara? ¿Le clavaría las garras? «Esta es mi oportunidad —pensó Liz—. Puedo tomarlo y subirlo al vehículo para un viaje rápido al veterinario». Pero como no tenía guantes, cambió de parecer.
Con voz suave y temblorosa, le preguntó: «¿Tienes hambre, Boston?». El gato levantó la pata delantera, la dobló, y maulló nuevamente. «¿Quieres un plato para ti?»
Aparentemente sí lo quería. Liz sacó un plato más, lo llenó y lo puso entre los arbustos. El gato se comió su comida silenciosamente, sin mirar ni una sola vez a su alrededor. Uno a uno los demás gatos fueron regresando a sus platos. Cuando terminó, Boston se limpió las garras y los bigotes, buscó un lugar soleado para echarse, se estiró sobre las flores favoritas de
Liz y se durmió. Desde ese día, Liz y Ralph no volvieron a ver más al malvado Boston.
Y es que ahora Boston no se llama Boston sino Basilio. Boston odiaba que lo tocaran, pero a Basilio le encanta que le acaricien. Boston gruñía, Basilio ronronea. Basilio se ha convertido en uno de los gatos más mansos de Liz.
¿Qué ocurrió? ¿Tomó el gato un día la decisión de reformarse y convertirse en un gato bueno? Quién sabe… Nadie, excepto el Creador, sabe qué le ocurrió a Boston.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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