NOTAS DE ELENA 2013Lunes 14 de enero:
Creación de los animales del aire y del agua
En una de sus más impresionantes lecciones Cristo dice: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26). Aquí el gran Maestro dirige las mentes de los que lo escuchan a entender el cuidado paternal y el amor que Dios tiene por sus criaturas. Les sugiere observar a los pájaros que vuelan de árbol en árbol o buscan comida a la orilla del lago, sin ninguna desconfianza o temor. Dios vela por estas pequeñas criatu-ras; les da comida y provee para sus necesidades. Entonces Jesús pregunta: ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Entonces, ¿por qué sentir ansiedad o mirar hacia el futuro con preocupación y tris-teza?

No es la ansiedad lo que lleva a crecer al niño y desarrollar su fuerza. Es Dios quien silenciosamente hace su obra elevándolo en es-tatura, progresando en madurez y abriendo su mente al conocimien-to.
Nuevamente el Señor dice: “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados, No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Lucas 12:6, 7). Si Dios cuida y preserva a los pajaritos, ¿no tendrá acaso mayor amor y cuidado por aquellos formados a su imagen? (Folleto: The Sanitarium Pacients at Goguac Lake, pp. 14-16).

“¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29). Pensemos en esto: ni uno de esos pajarillos que con sus cantos elevan alabanzas a Dios cae a tierra sin que nuestro Padre celestial lo note. Cada uno de ellos que es muerto por los muchachos que los cazan, es visto por su ojo que todo lo ve. Si Dios cuida por un pajarillo que no tiene alma, ¡cuánto más cuidará de los que han sido compra dos por la sangre de Cristo! Un alma tiene más valor que el mundo entero; por una sola alma Jesús hubiera pasado por la agonía del Calvario a fin de redi-mirla para su reino. “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (versículo 31) (Review and Herald, 3 de mayo, 1892).

En el Sermón del Monte, Cristo dio a sus discípulos preciosas lec-ciones en cuanto a la confianza que debe tenerse en Dios. Estas lec-ciones tenían por fin consolar a los hijos de Dios durante todos los siglos y han llegado a nuestra época llenas de instrucción y consuelo. El Salvador llamó la atención de sus discípulos a cómo las aves del cielo entonan sus dulces cantos de alabanza sin estar abrumadas por los cuidados de la vida, a pesar de que “no siembran, ni siegan”. Y sin embargo, el gran Padre celestial las alimenta. El Salvador pre-gunta: “¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26). El gran Dios, que alimenta a los hombres y a las bestias, extiende su mano para alimentar a todas sus criaturas. Las aves del cielo no son tan insignificantes que no las note. Él no toma el alimento y se lo da en el pico, mas hace provisión para sus necesidades. Deben juntar el grano que él ha derramado para ellas. Deben preparar el material para sus niditos. Deben alimentar a sus polluelos. Ellas van cantando a su trabajo porque “vuestro Padre celestial las alimenta”. Y “¿no valéis vosotros mucho más que ellas?” ¿No sois vosotros, como ado-radores inteligentes y espirituales, de mucho más valor que las aves del cielo? ¿No suplirá nuestras necesidades el Autor de nuestro ser, el Conservador de nuestra existencia, el que nos formó a su propia imagen divina, si tan solo confiamos en él? (El camino a Cristo, p. 125).

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