Lunes 17 de marzo – Devoción Matutina para Menores 2014 —  Un poderoso empaque

«Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese» (Filipenses I: 6).

Hace mucho tiempo, una planta de loto sagrado floreció a la orilla de un lago en China. La flor dejó caer sus pétalos, pero las semillas cayeron en el espeso fango al borde del agua. Con el tiempo, aquel lago se secó. Mil años después, un grupo de botánicos exploraron el lago y lograron desenterrar un puñado de semillas de loto sagrado del lodo endurecido. Las examinaron y descubrieron que eran muy antiguas, así que las llevaron a un museo. Permanecieron en exhibición hasta 1952, cuando a un botánico se le ocurrió probar si podrían germinar después de tanto tiempo. Colocó algunas en ácido sulfúrico para ablandarles la cáscara. Luego las plantó en tierra enriquecida, y el 29 de junio de 1952, la primera flor de loto sagrado abrió sus pétalos.
No es fácil imaginar cómo una planta puede producir una flor tan hermosa después de tanto tiempo, y cómo la pequeña chispa de la vida en esas semillas feas y resecas pudo permanecer adormecida durante todo ese período para cobrar vida cuando las condiciones fueran las adecuadas.
¿Tienes un bajo concepto de ti mismo? ¿Te sientes vacío por dentro cuando has hecho algo malo? ¿Te sientes muerto como las semillas del loto sagrado en el fango? Tal vez incluso has llegado a preguntarte por qué Jesús se preocupa por ti. Creo que Pedro se sintió así después de la crucifixión de Jesús, y María Magdalena cuando pidió que sus pecados le fueran perdonados por séptima vez. Si te has sentido así, la promesa de hoy es para ti: Dios no se dará por vencido contigo.
La primera vez que invitas a Jesús a tu corazón, el Espíritu Santo planta una chispa parecida a las semillas de la historia de hoy. Esta semilla te invita a amarlo y obedecerlo. De ahí en adelante, Dios promete seguir trabajando contigo hasta que regrese. El único que puede apagar esa chispa de amor eres tú.
Así que cada vez que te sientas mal o creas que eres un caso perdido, o que fallaste de nuevo, recuerda que si Dios no se da por vencido contigo, ¿por qué habrías de hacerlo tú?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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