La mayor sabiduría consiste en honrar al Señor; los que lo honran, tienen buen juicio. ¡Dios será siempre alabado! Salmo 111:10

 «¿ Todo lo que produce placer también puede causar adicción». Estaba en la sala de espera de una oficina cuando leí esa declaración. Al instante dejé de leer. «¿Cuáles son algunas de las cosas que normalmente causan placer a la gente?», me pregunté. La buena comida, practicar algún deporte, el sexo, navegar por Internet, hacer compras, trabajar… ¿Pueden estas cosas causar adicción? La verdad es que, en sí misma, ninguna de estas cosas es mala; pero también es cierto que, aun lo bueno, llevado al extremo, puede ser dañino.

Seguí leyendo. Entonces me encontré con esta otra: «Asegurémonos de que lo que nos produce placer es un motivo para celebrar sanamente y no se trata simplemente de un atajo que nos lleva al desastre» (Ernie y Carol Larsen, Days of   Healing, Days of joy [Días de sanidad, días de gozo], lectura para el 10 de mayo).

Dicho de otra manera: La misma acción que puede brindarte sana satisfacción, te puede arruinar si la llevas al extremo. Es muy importante tener esto en cuenta, porque lo usual es que se nos lancen advertencias contra lo malo: «No consumas drogas, no bebas alcohol, no fumes, no visites lugares prohibidos, no tengas sexo fuera del matrimonio, etc.». ¿Pero cuan a menudo se nos dice que debemos cuidarnos de lo bueno?.

La pregunta obligada es, entonces: «¿Qué actividades buenas pueden conducirme al desastre si las llevo al extremo?» Es decir, ¿qué cosas buenas me gustan demasiado?. Yo necesito hacerme esta pregunta. Y tú también. Podría ocurrir, sin que lo sepamos, que alguna de esas cosas buenas se haya convertido en una obsesión. ¿Será posible, por ejemplo, que esté demasiado preocupado por mi cuerpo, mi figura, mi apariencia? ¿Muy preocupado por tener éxito? ¿Por ser el centro de atracción del grupo de amigos en la universidad, en la iglesia?

En fin, estemos en guardia. La palabra clave es equilibrio. Y he aquí lo mejor para combatir el desequilibrio en cualquier aspecto de nuestra vida: Dios en el trono de nuestro corazón. Como bien dice el libro La educación, página 39:

«LA VIDA QUE TIENE POR CENTRO A DOS ES UNA VIDA COMPLETA».

Te invito, Señor Jesús, a ocupar en mi corazón el lugar de honor.  Lo ganaste en la cruz.

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