Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado. Salmo 4:8.
En la vida ocurren cosas buenas y cosas malas. A causa de eso, puede suceder que algo malo te moleste tanto que te impida dormir bien.

Podría ser alguna preocupación o algún miedo. O, quizás, la cantidad de actividades que tuviste durante el día. ¿Cuándo fue la última vez que te quedaste tan inquieto que te costó conciliar el sueño? ¿Te acuerdas de las razones? Es inútil quedarse preocupado y perder la noche de sueño. Dios te puede ayudar a recuperar el sueño. Si enfrentas algún problema, confía en Dios y duerme tranquilo.

Hablemos con Dios
Señor, te Invito a cuidar mi vida y ayudarme a tener siempre buenas noches de sueño. ¡Amén!

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