02 Folleto Escuela Sabática 3er. Trimestre 2013Lunes 19 de agosto

EL AMOR DE DIOS Y SU LEY

El reavivamiento tiene que ver con conocer  a Jesús. Es un nuevo despertar de las facultades espirituales del alma. Es una experiencia personal y vital con el Salvador. Conocer a Jesús –realmente conocerlo  como un amigo– es la esencia del reavivamiento. Desde la profundidad de su experiencia  personal con Jesús, el apóstol Pablo compartió que él estaba orando para que los efesios pudieran “conocer  el amor de Cristo, que excede  a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efe. 3:19).

Esto está en contraste con la historia de las vírgenes del tiempo del fin, cinco de las cuales tenían una forma exterior de piedad y religión, pero les faltaba una experiencia íntima con Jesús. Refiriéndose a su necesidad, Jesús dijo: “De cierto os digo, que no os conozco” (Mat. 25:12).

Conocer a Dios siempre conduce a la obediencia. La ley de Dios revela su amor. Una relación  más profunda con Cristo lleva a un mayor deseo  de agra- darle. La obediencia es el fruto del amor. Cuanto más lo amamos a él, tanto más deseamos  obedecerlo. Cualquier así llamado reavivamiento que no enfatice el arrepentimiento, cuando  voluntariamente hemos quebrantado su ley, es sospe- choso. El fervor religioso puede estimular una cumbre religiosa temporaria, pero el cambio espiritual duradero  estará faltando.

Para el apóstol Juan, ¿cuáles son las evidencias de que uno realmente conoce a Dios? 1 Juan 2:3-6; 4:7, 8, 20, 21.

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En estos pasajes, Juan presenta dos puntos vitales. Primero, conocer  a Dios conduce a guardar sus mandamientos. Segundo, amar a Dios lleva a amarnos unos a otros. El punto  de Juan es claro. La espiritualidad  genuina  resulta en una vida cambiada. El centro del reavivamiento no es una cálida sensación de sentirse cerca de Jesús. Es una vida transformada llena con el gozo de servir a Jesús. La gran meta de Dios en todos los reavivamientos es acercarnos  más a él, profundizar nuestra entrega a sus propósitos para nuestras vidas, y liberarnos para testificar y ministrar en su causa.

¿Cómo estás en tus propias relaciones personales? ¿Qué te dicen esas relaciones acerca  de tu caminar con Dios? ¿De qué modos podrías necesitar avanzar en tu relación con Dios como con los demás?

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