mujerY he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. (Lucas 2:9).

A veces nos sobresaltamos si estamos absortas en alguna actividad y de repente oímos la voz de alguien. Eso es algo normal. Precisamente fue lo que les sucedió a los pastores del relato de Lucas. Estaban concentrados en su labor y de repente escucharon una voz y vieron a un extraño. Su temor era tan evidente que el ángel les tuvo que decir: «No tengan miedo. Vengo a traerles una noticia que será de agrado para todo el pueblo. Les vengo a decir que hoy ha nacido un salvador que es Cristo el Señor».

¡Qué extraño! ¿Por qué Dios eligió a un grupo de humildes pastores para dar una noticia tan trascendental?  ¿Cómo es que a ellos les dio la encomienda de difundir aquella noticia? Dios elige a sus siervos no por sus riquezas, ni por sus estudios o cargos, sino por su sinceridad y por su relación con él.

Una vez que el mensajero celestial les dijo la forma en que identificarían al Salvador, apareció una multitud de ángeles alabando a Dios. ¡Qué privilegio para aquellos pastores!  Mi mente tan finita no alcanza a imaginar una escena tan hermosa. Se dice que fue toda una «hueste» la que alabó al Señor; todo un ejército. El versículo 13 nos dice que apareció una multitud de las huestes celestiales. ¿Sabes lo que significa esto? Miles y millones de ángeles alabando a Dios. ¡El primer villancico!

En Israel había dirigentes, sacerdotes y rabinos a quienes les pudo haber llegado ese mensaje para que lo transmitieran a la población. Sin embargo, se les entregó a unos humildes pastores. El Señor nos ha encomendado a ti y a mí, humildes servidoras, difundir el mismo mensaje. No esperes a que lo hagan los pastores de la iglesia, los empleados de la denominación, o los evangelistas. A nosotras, como servidoras, nos corresponde dar las nuevas de gran gozo. Si el Señor te ha elegido, cumple con ese cometido. No tengas temor, únicamente debes compartir con los demás la forma en que Jesús ha transformado tu vida.

¡Transfórmate en ese ángel que fue portador de las buenas nuevas de salvación, será un privilegio!

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