xnotas de elenaLunes 24 de diciembre:
EN MEDIO DEL MILENIO
A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra, consumidos por el espíritu de su boca y destruidos por el resplandor de su gloria. Cristo lleva a su pueblo a la ciudad de Dios, y la tierra queda privada de sus habitantes…
Durante mil años, Satanás andará errante de un lado para otro en la tierra desolada, considerando los resultados de su rebelión contra la ley de Dios. Todo este tiempo, padece intensamente. Desde su caída, su vida de actividad continua sofocó en él la re-flexión; pero ahora, despojado de su poder, no puede menos que contemplar el papel que desempeñó desde que se rebeló por pri-mera vez contra el gobierno del cielo, mientras que, tembloroso y aterrorizado, espera el terrible porvenir en que habrá de expiar to-do el mal que ha hecho y ser castigado por los pecados que ha he-cho cometer…

Durante los mil años que transcurrirán entre la primera resurrección y la segunda, se verificará el juicio de los impíos. El apóstol Pablo señala este juicio como un acontecimiento que sigue al segundo advenimiento. “No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor; el cual sacará a luz las obras encubiertas de las tinieblas, y pondrá de manifiesto los propósitos de los corazones” (1 Corintios 4:5, V.M.). Daniel declara que cuando vino el Anciano de días, “se dio el juicio a los santos del Altísimo” (Daniel 7:22). En ese entonces reinarán los justos como reyes y sacerdotes de Dios. Juan dice en el Apocalipsis: “Vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio”. “Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:4, 6). Entonces será cuando, como está predicho por Pablo “los santos han de juzgar al mundo” (1 Corintios 6:2). Junto con Cristo juzgan a los impíos, comparando sus actos con el libro de la ley, la Biblia, y fallando cada caso en conformidad con los actos que cometieron por medio de su cuerpo. Entonces lo que los malos tienen que sufrir es medido según sus obras, y queda anotado frente a sus nombres en el libro de la muerte.
También Satanás y los ángeles malos son juzgados por Cristo y su pueblo. Pablo dice: “¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” (Versículo 3). Y Judas declara que “a los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día” (Judas 6, V.M.) (El conflicto de los siglos, pp. 715, 718, 719).

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