Lunes 26 de noviembre:

El bautismo

Los candidatos para el bautismo necesitan una preparación más cabal. Necesitan ser instruidos más fielmente de lo que generalmente se los ha instruido. Los principios de la vida cristiana deben ser presenta­ dos claramente a los recién venidos a la verdad. Nadie puede depender de su profesión de fe como prueba de que tiene una relación salvadora con Cristo. No hemos de decir solamente: Yo creo, sino practicar la verdad. Conformándonos a la voluntad de Dios en nuestras palabras, nuestro comportamiento y carácter, es cómo probamos nuestra relación con él. Cuando quiera que uno renuncie al pecado, que es la transgresión de la ley, su vida será puesta en conformidad con la ley, en perfecta obediencia. Esta es la obra del Espíritu Santo (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 389, 390).

 

Cuando nos sometemos al solemne rito del bautismo, damos testimonio ante los ángeles y los hombres de que hemos sido purificados de nuestros antiguos pecados, y de que en adelante, habiendo muerto para el mundo, buscaremos “las cosas de arriba” (Colosenses 3:1). No olvidemos nuestro voto bautismal. Ante la presencia de los tres poderes más excelsos del cielo -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- hemos prometido hacer la voluntad de aquel que…declaró: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:20). Cristo perdona a todo pecador penitente, y cuando el perdonado, después del bautismo se levanta del sepulcro ácueo, es declarado una nueva criatura, cuya vida está oculta con Cristo en Dios. Recordemos siempre que es nuestro elevado privilegio ser purificados de nuestros antiguos pecados.

 

Cuando el cristiano toma su voto bautismal, se le promete la ayuda divina. El Padre, el Hijo y el Espíritu  Santo están listos para obrar en beneficio suyo. Dios pone a sus órdenes los recursos del cielo, para que sea un vencedor. Su propio poder es pequeño, pero Dios es omnipotente, y Dios es su ayudador. Diariamente debe dar a conocer sus necesidades al trono de la gracia. Puede ser más que vencedor mediante la fe y la confianza, apropiándose de los recursos provistos para él (Nuestra elevada vocación, p. 159).

 

El bautismo puede repetirse vez tras vez, pero no tiene poder inherente para cambiar el corazón humano. El corazón debe estar unido con el corazón de Cristo, la voluntad debe estar sumergida en su voluntad. La mente debe llegar a ser una con su mente, los pensamientos deben sujetarse a él. Un hombre puede bautizarse y su nombre ser escrito en los registros de la iglesia, pero con todo, puede ser que el corazón no haya  cambiado.  Las  tendencias  heredadas  y  cultivadas  pueden  estar todavía obrando mal en el carácter.

 

El hombre regenerado tiene una unión vital con Cristo. Como el pámpano obtiene su sustento del tronco paterno y por esto puede lleva r mucho fruto, de la misma manera el verdadero creyente está unido con Cristo y revela en su vida los frutos del Espíritu (Alza tus ojos, p. 180).

(333)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*