Lunes 26 de noviembre

EL BAUTISMO

En el Nuevo Testamento, varias imágenes describen lo que significa el bau­tismo. Este simboliza una unión espiritual con Cristo (Rom. 6:3-8) al identifi­carnos con su sufrimiento, muerte y resurrección. Es una renuncia al estilo de vida anterior de la persona. Así, el bautismo se vincula con el arrepentimiento y el perdón del pecado (Hech. 2:38), con el nuevo nacimiento y la recepción del Espíritu (1 Cor. 12:13), y con la entrada a la iglesia (Hech. 2:41,47).

El bautismo simboliza una relación de pacto con Dios por medio de Cristo (Col. 2:11, 12), y es equivalente a la circuncisión del Antiguo Testamento. Tam­bién simboliza una transferencia de lealtades, que pone a la persona en una comunidad que sirve a Cristo. La recepción del Espíritu capacita al creyente para servir a la iglesia y a la obra de salvación de los perdidos (Hech. 1:5,8).

Hace varios años, la Comisión Conjunta de la Iglesia Anglicana sobre el Bau­tismo, la Confirmación y la Santa Comunión hizo una admisión importante. Dijo: “Quienes recibían el bautismo eran normalmente adultos y no infantes; y debe admitirse que no hay evidencia concluyente en el Nuevo Testamento para el bautismo de los infantes” (Baptism and Conñrmation Today, citado por Millard J. Erickson, Christian Theology, p. 1.102). El bautismo excluye a los infantes como candidatos, porque el bautismo bíblico requiere fe y arrepentimiento. Además, conocer la palabra de Dios para el desarrollo de la fe (Rom. 10:17) indica que el arrepentimiento debe estar ligado con la instrucción bíblica. Esto es necesario para que los candidatos produzcan “frutos dignos de arrepentimiento” (Luc. 3:8) corro evidencia de su relación con Cristo.

La naturaleza del bautismo aclara la diferencia entre una ordenanza y un sacramento. El bautismo, para quienes lo ven como sacramento, es el medio que produce la transformación de la muerte espiritual a la vida. Al entenderlo así, la edad de la persona no importa, porque es un evento sobrenatural. Pero el bautismo, como ordenanza, es una indicación de un cambio interno (algo so­brenatural) que ya ha sucedido en el creyente en su experiencia con Jesús. De este modo, los candidatos para el bautismo deberían ya haber experimentado la fe en Cristo; por lo tanto, la pregunta de quién y cuándo es bautizado llega a ser muy importante.

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