No hemos dejado de orar por ustedes. Colosenses 1:9

 Jaime no podía explicar por qué se sentía tan extraño ese día. En lugar de estar practicando su pasatiempo favorito, no podía sacar de su mente la iglesia de su juventud. ¿Qué estaba pasando? Había dejado de asistir a su iglesia desde hacía unos cuantos años. Pero frescos en su mente estaban los viejos himnos, los textos bíblicos, las amistades… Y ese día en particular no podía explicar por qué esos recuerdos acudían a su mente con tanta fuerza. Entonces decidió visitar su recordada y querida iglesia.

Justo ese día estaba concluyendo la Semana de Oración. Cuando Jaime entró al templo, se escucharon murmullos de asombro, que fueron creciendo en intensidad hasta convertirse en francas expresiones de alegría. Incluso algunos de los miembros no pudieron contener lágrimas de emoción. Entonces se escuchó la voz del pastor:

—En este momento concluiremos nuestra Semana de Oración formulando votos de fidelidad a Jesús, quien murió por…

—¡Murió por mí! —exclamó Jaime, mientras caminaba hacia el pulpito.

Entonces el pastor tomó la palabra:

—¿Alguien aquí duda del poder de la oración intercesora?

Inmediatamente se escuchó un estruendoso «¡Amén!» de parte de la congregación.

Acto seguido, el pastor descendió de la plataforma, estrechó la mano de Jaime y le dijo:

—Jaime, esta semana hemos estado orando por ti. Orando para que regresaras a la iglesia. Consideramos que ya era demasiado tiempo lejos del redil. ¡Bienvenido a casa! (Adaptado de Betty Kossick, Revista adventista [edición interamericana], noviembre de 1980, p. 9).

Entonces Jaime entendió el porqué de esos sentimientos tan extraños: alguien había estado orando por él. Y Alguien había estado pendiente de él. Porque aunque Jaime se había alejado de Dios, Dios no se había alejado de Jaime. ¡Pero es que Dios no suelta con facilidad ni siquiera al más pequeñito de sus hijos! Mucho menos si esa ovejita ha sido alguna vez parte de su redil.

No sé cómo está tu vida espiritual ahora mismo. Lo que sí sé es que, si te has alejado de Dios, alguien está orando por ti. Y alguien está pendiente de ti. Es tu padres celestial Él no se va a cruzar de brazos mientras ve que una de sus ovejitas corre peligro fuera del redil.

Gracias, Padre mío, por estar siempre pendiente de mí

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