Lunes 27 de enero – Devoción Matutina para Adultos 2014 – El tiempo de la dispersión – 2

Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mi esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Mateo 26:31.

Si Guillermo Miller temía una cosa por sobre toda otra, era el fanatismo. Su movimiento se había mantenido libre de esto hasta octubre de 1844. Pero, para la primavera de 1845, el fanatismo y los excesos carismáticos tenían rienda suelta entre determinados segmentos de los espiritualizadores.
Para abril de 1845, Miller estaba fuera de sí con el creciente fanatismo. Ese mes, escribió a Himes que “este es un momento peculiar. La mayor variedad de interpretaciones antojadizas de la Escritura ahora están siendo prescritas por nuevas luminarias que reflejan sus rayos de luz e irradian calor en todas direcciones. Algunos de ellos son estrellas errantes, y algunas solo emiten penumbras. Estoy harto de este cambio perpetuo. Pero, mi querido hermano, debemos aprender a tener paciencia. Si Cristo viene esta primavera, no la necesitaremos por mucho tiempo; y si no viene, necesitaremos mucha más. Estoy preparado para lo peor, y espero lo mejor”.
Desgraciadamente para Miller, el tiempo continuó corriendo, y él y sus seguidores fueron testigos de algo menos que lo “mejor” que esperaban. Dieciocho meses después, un Miller achacoso escribió: “Mis dolores no se terminaron. He tenido problemas de dolor de cabeza, dolor de muela, dolor de huesos y angustia desde que te fuiste; pero, mucho más de esto último, cuando pienso en tantos de mis hermanos queridos y amados, que desde nuestro chasco han caído en todo tipo de fanatismo, y abandonaron los primeros principios de la manifestación gloriosa del gran Dios y nuestro Salvador, Jesucristo”.
Él no era el único confundido y perturbado por el desconcierto general producido por la desorientación entre los espiritualizadores a comienzos de 1845. Himes señaló, en mayo, que “el movimiento del séptimo mes [había] producido un mesmerismo de dos metros de profundidad”. El problema de todos los milleritas a comienzos de 1845 era la cuestión de la identidad.
Diferentes sectores del movimiento produjeron diferentes respuestas a esto, pero todos enfrentaban los mismos problemas.
En pocas palabras, es difícil mantenerse erguido en tiempos de gran dificultad. Siempre ha sido así y siempre lo será. Nuestra oración diaria debe ser que Dios nos ayude a mantener ambos pies sobre la tierra, y nuestra mente con la mejor claridad de pensamiento, especialmente en tiempos difíciles.
Y, al igual que Miller, debemos entrar en esos tiempos de prueba esperando lo mejor, pero preparados para lo peor.
Ayúdanos este día, nuestro Padre, a tener una actitud equilibrada y una oración en nuestro corazón.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2014
A MENOS QUE OLVIDEMOS
Por: George R. Knight
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