NOTAS DE ELENA 2013Lunes 28 de enero:

A la imagen de Dios

Adán fue coronado rey en el Edén. Se le dio dominio sobre toda cosa viviente que Dios había creado. El Señor bendijo a Adán y a Eva con una inteligencia que no dio a ninguna otra criatura. Hizo de Adán el legítimo soberano de todas las obras de las manos de Dios. El hombre, hecho a la imagen divina, podía contemplar y apreciar en la naturaleza las obras gloriosas de Dios (Comentario bíblico adventista, tomo 1, p. 1096).

Creados para ser la “imagen y gloria de Dios”, Adán y Eva habían recibido capacidades dignas de su elevado destino. De formas graciosas y simétricas, de rasgos regulares y hermosos, de rostros que irradiaban los colores de la salud, la luz del gozo y la esperanza, eran en su aspecto exterior la imagen de su Hacedor. Esta semejanza no se manifestaba solamente en su naturaleza física. Todas las facultades de la mente y el alma reflejaban la gloria del Creador. Adán y Eva, dotados de dones mentales y espirituales superiores, fueron creados en una condición “un poco menor que los ángeles”, a fin de que no discernieran solamente las maravillas del universo visible, sino que comprendiesen las obligaciones y responsabilidades morales (La educación, p. 20).

El hombre fue el acto culminante de la creación de Dios, hecho a la imagen de Dios, y destinado a ser una contraparte de Dios… El hombre es muy querido para Dios, porque fue formado a su propia imagen (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 52).

En los concilios del cielo Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Génesis 1:26, 27). El Señor creó las facultades morales del hombre y sus capacidades físicas. Todo él era un trasunto de Dios mismo. Dios dotó al hombre de atributos santos, y lo colocó en un jardín hecho expresamente para él. Solamente el pecado podía arruinar a los seres creados por las manos del Todopoderoso (Mensajes selectos, tomo 3, p. 150).

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. Y no solamente hizo con sus manos una forma que se asemejaba a la suya, sino que le dio una mente capaz de comprender las cosas divinas. Su comprensión, su memoria, su imaginación, todas las facultades de la mente humana-reflejaban la imagen de Dios. Su corazón y su disposición lo calificaban para recibir la instrucción celestial. Tenía una comprensión correcta de su Creador, de sí mismo, y de sus deberes y obligaciones con respecto a la ley de Dios. Su capacidad de buen jui¬cio y su disposición a la obediencia y al afecto, estaban regulados por la razón y la verdad. Podía gozar al máximo de los buenos dones de Dios. Todo lo que veía lo maravillaba y todo lo que escuchaba era música para sus oídos. Sin embargo, no fue colocado fuera del alcance de la tentación: como representante de la raza humana fue creado como un ser moral libre (The Youth ‘s Instructor, 10 de agosto, 1899).

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