mujerEnséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo 90:12)
El último día del año, al igual que varios de los días previos al mismo, tiene un significado muy especial para muchos. Algunos experimentan un cierto alivio de todas las fatigas de los meses pasados; otros se lamentan por las decepciones y los fracasos. Pero, ¿cuántos nos gozamos sinceramente y agradecemos a Dios por lo que hemos recibido de parte de él durante el año que ha terminado? ¿Cómo hemos vivido los trescientos sesenta y cinco días de este año que hoy termina?
Quizá hayamos alcanzado muchos de nuestros sueños, anhelos y esperanzas. Es posible que hayamos obtenido las metas propuestas. Respecto a los logros espirituales, quizá hayamos crecido un poco más en el conocimiento y en la comunión con Dios, al permitirle que dirija nuestras vidas, al depender más de él.
Pero, ¿y si no hemos conseguido mejorar en lo material o en el ámbito intelectual? ¿Qué tal si no hemos progresado en nuestra relación con Dios? ¿Y si no hemos conseguido la victoria sobre nuestros defectos de carácter? Bien, hoy probablemente no es el mejor momento para lamentarnos, pero sí para hacer una breve reflexión.
Pablo llevó a cabo un inventario casi al final de su vida. El apóstol admitió que no había alcanzado la perfección. Probablemente tampoco la hemos alcanzado nosotras este año que dejamos atrás. Sin embargo, Pablo nos muestra una alternativa y nos dice que proseguía al blanco, porque hay algo importante al final del camino. Apunta hacia la perfección y se concentra en ella. Notemos que lo que Pablo menciona tiene dos vertientes:
Primero, olvidar los fracasos, las frustraciones, los temores y las necedades del pasado. En segundo lugar, proseguir hacia el blanco que está ante nosotras. Perseveremos continuamente y conseguiremos metas con la ayuda del Señor. Regocijémonos porque no estamos obligadas a permanecer estáticas en el crecimiento cristiano.
A la conclusión de estos doce meses nada más oportuno que dejar a los pies del Señor la «vida vieja». El libro del año viejo está cerrado. Abre el del año nuevo.
¡Feliz año nuevo!

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