NOTAS DE ELENA 2013Lunes 31 de diciembre:
Los cielos declaran
El Creador ha dado suficiente evidencia acerca de su poder ilimitado, de su capacidad para establecer reinos y para destruirlos. Él sostiene el mundo con la palabra de su poder. Él hizo la noche y ordenó las estrellas resplandecientes en el firmamento. Las llama a to-das por su nombre. Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento muestra la obra de sus manos, indicando a los seres humanos que este pequeño mundo no es sino un punto en la creación de Dios…
Los habitantes de los mundos no caídos observan con pena y reproche el orgullo humano y la autoimportancia de los hombres. Los ricos y los encumbrados del mundo no son los únicos que glorifican su yo. Muchas personas que profesan honrar a Dios hablan acerca de su propia sabiduría y poder. Actúan como si Dios estuviera sujeto a ellos, como si él no pudiera realizar su obra sin su ayuda. Que los ta-les observen los cielos estrellados, y con admiración y reverencia estudien las obras maravillosas de Dios. Que piensen en la sabiduría de la que él da evidencia al mantener al vasto universo en un orden perfecto, y en la poca razón que tiene el ser humano de jactarse por sus propias realizaciones (Exaltad a Jesús, p. 48).
En la formación de nuestro mundo, Dios no dependió de ninguna materia o sustancia preexistente. “Lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). Por el contrario, todas las cosas, materiales o espirituales, aparecieron delante del Señor Jehová a su voz, y fueron creadas por su propio propósito. Los cielos y toda la hueste de ellos, la tierra y todas las cosas que hay en ella, son no solamente la obra de sus manos, sino que vinieron a la existencia por el aliento de su boca (Mensajes selectos, tomo 3, p. 357).
¡Qué campo se abrirá allí a nuestro estudio cuando se quite el velo que oscurece nuestra vista y nuestros ojos contemplen ese mundo de belleza del cual ahora tenemos vislumbres por medio del microscopio; cuando contemplemos las glorias de los cielos estudiados ahora por medio del telescopio; cuando, borrada la mancha del pecado, toda la tierra aparezca en “la hermosura de Jehová vuestro Dios”! (Salmo 90: 17). Allí el estudiante de la ciencia podrá leer los informes de la creación, sin hallar señales de la ley del mal. Escuchará la música de las voces de la naturaleza y no descubrirá ninguna nota de llanto ni voz de dolor. En todas las cosas creadas descubrirá una escritura, en el vasto universo contemplará “el nombre de Dios escrito en grandes caracteres” y ni en la tierra, ni en el mar, ni en el cielo, quedará señal del mal (La maravillosa gracia de Dios, p. 365).

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