Pero la reina [Vasti] se negó a cumplir la orden que el rey le había dado por medio de sus hombres de confianza. Ester 1:12

 Recuerdas a Vasti, la reina que fue destronada por desobedecer una orden de su esposo, el rey Asuero? Dicen las Escrituras que en el tercer año de su reinado, Asuero dio una fiesta en honor a todos los altos funcionarios de su gobierno. Esta no fue una fiesta cualquiera, pues duró nada menos que seis meses. Después de esa «fiestecita» ofreció otra, de «solo» siete días, durante la cual por orden real se repartió vino a todos los habitantes de Susa, la capital de su reino.

Aquí viene la parte interesante. Cuando la fiesta llegaba a su final, Asuero dio la orden a algunos de sus funcionarios de que trajeran a Vasti, la reina, «luciendo su corona real, para que el pueblo y los grandes personajes pudieran admirar su belleza» (Ester 1:11). Pero Vasti dijo «no». Y el rey, como puedes imaginar, se enojó mucho. Consultó a sus consejeros y ellos recomendaron que la reina Vasti fuera depuesta, alegando que había dado un mal ejemplo a las demás mujeres del reino. Y el rey así lo ordenó.

¿Hizo Vasti lo correcto? ¿Tú qué piensas? No sabemos exactamente por qué la reina se negó a exhibir su belleza ante los presentes en la fiesta. Lo que sí podemos suponer con certeza es que las razones deben haber sido muy poderosas porque, ¿qué reina va a querer desprenderse de su trono por cualquier tontería?

Aunque no podemos probar nada, parece muy razonable suponer que Vasti consideró inapropiado o deshonroso exhibir su belleza ante personas que habían estado tomando alcohol durante siete días seguidos. En otras palabras, entre el trono y el honor, escogió el honor. Entre el trono y sus convicciones, escogió sus convicciones. Y si estas fueron en realidad sus razones, entonces su conducta es digna de admiración y de respeto. Es verdad que perdió su corona real, pero conservó una corona de mucho mayor valor, una que nadie le pudo quitar: la de su dignidad como persona, la del respeto propio. Porque ¿qué es el respeto propio? ¿No es, acaso, la consideración que damos a nuestro sentido de lo recto, a nuestra convicciones?

 

Señor Jesús, al igual que tú, ayúdame a ser fiel a mis convicciones

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