Martes 1 de diciembre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | Concédeme la gracia de seguir tu Ley

“Aparta de mí el camino de la mentira y en tu misericordia concédeme tu Ley” (Salmo 119:29).

En el Salmo 119, David canta el valor que tuvo la Ley de Dios en su vida.
Gracia y Ley aparecen juntas en este texto. En la antigua alianza, los hombres no eran salvos por la observancia de la Ley, y en la nueva alianza tampoco lo son por la gracia sin la Ley. Ley y gracia han intervenido siempre en el proceso de la salvación, cada una cumpliendo su función.
La función de la Ley es dar a conocer el pecado, desarrollando en el hombre el sentimiento de culpa. Es lo que Pablo llama estar “bajo la Ley” (Gál. 4:5).
Pero, además, la Ley muestra la imposibilidad de los esfuerzos humanos por guardarla y, al acusarnos, se convierte en un agente de condenación y muerte; es vivir bajo la condenación de la Ley. De este modo, este ideal inaccesible y a la vez obligatorio nos arroja, suplicantes de perdón y ayuda, a los pies de Cristo, convirtiéndose en “nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe” (Gál. 3:24).
La Ley no nos puede salvar por sí misma. Pretenderlo es confundir el remedio, tan inútil como el empleo en fricciones de un medicamento que debe ser ingerido. La Ley revela la magnitud del pecado, pero entonces entra en función la gracia (Rom. 5:20, 21). La gracia perdona nuestras faltas, se posesiona de nuestra voluntad, despierta nuestra gratitud y amor a Dios, y se convierte en una fuerza interior nueva que nos libera del pecado y de la condenación de la Ley. Es lo que Pablo llama estar “bajo la gracia” (Rom. 6:14) estableciendo en nuestro interior la Ley de Dios.
Pretender ser salvo por gracia olvidando la Ley es confundir peligrosamente el remedio; ingerir un producto de aplicación externa puede resultar letal. David lo sabía; por eso, ruega a Dios: “Concédeme tu Ley”. Ahora ya no estamos bajo la ley, estamos bajo la gracia, pero más que nunca con la Ley: “Establecer la ley, he aquí la obra por excelencia, he aquí el milagro del evangelio. ¿Qué es un cristiano? Es un hombre en quien la ley ha sido establecida, es un hombre que ama desde ahora toda la voluntad de su Dios, en otros términos, es un hombre que ha nacido de nuevo” (Agenor de Gasparin, Paroles de verité, pp. 7, 8).
En esta ocasión, suplica la gracia de Dios para vivir conforme a los principios de la Ley de Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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