Lección 7  – Martes 13 de noviembre

LA PREPARACIÓN Y EL ESCUDO DE LA FE

El soldado romano calzaba zapatos con fuertes clavos, para poder andar por toda clase de terrenos, pues aseguraban un buen agarre. Pablo los compara con el “apresto”, o “preparación”, del evangelio de paz (Efe. 6:15).

Lee Isaías 52:7, Romanos 10:15 y Efesios 6:15. Parece que Pablo pensa­ba en la constancia en la vida cristiana durante la guerra. ¿En qué sentido el evangelio de paz provee al cristiano de un “buen agarre” en la guerra espiritual?

Efesios 6:15 puede ser traducido de diferentes maneras: “pies calzados con la preparación del evangelio de paz”, o “con la disposición”, o “con el equipa­miento del evangelio de paz”. La clave es una palabra griega que puede signi­ficar ” preparación”, es decir, tener un buen fundamento. Por eso, el evangelio de paz como un “fundamento preparado” es la paz del cristiano reconciliado con Dios por la sangre de Cristo. Esta reconciliación da al cristiano una base firme para la batalla espiritual.

Según Pablo, la siguiente pieza es el escudo, que él compara con la fe (Efe. 6:16). El apóstol usa aquí una expresión que puede traducirse como “por sobre todo”, o “además de todo”. ¿Qué crees que quiso decir con esta frase?

La palabra traducida como “escudo” viene de “puerta”. El escudo, que medía más o menos 1,20 m por 0,70 m (4 x 2,5 pies), constaba de dos capas de madera encoladas, y tenía la forma de una puerta. Como en esos días las flechas se untaban con asfalto y luego se encendían, el escudo estaba cubierto con cuero, para extinguir las flechas encendidas, y destruir sus puntas. Esta era una arma de defensa muy destacada.

La analogía espiritual es fácil de ver: entre los “dardos de fuego” de Satanás, están la lujuria, la duda, la codicia, etc. “Pero la fe en Dios, sostenida en lo alto como un escudo, los detiene, apaga su llama y hace que caigan inofensivos al suelo” (CBA 6:1.045). Esta clase de fe es fe en acción, que incluye la verdad doctrinal pero va más allá de una mera creencia. Es una fe activa contra el ene­migo. Por supuesto, no podemos salvarnos ni pelear contra el diablo nosotros mismos: nuestra batalla es elegir diariamente a Dios por sobre cualquier cosa.

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