JovenesLes digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes: en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes (Juan 16:7).

Ayer mencioné el triste hecho de que seis comunidades religiosas tienen la custodia de la Iglesia del Santo Sepulcro, pero están profundamente enemistadas entre ellas.

Ahora quiero hacerte una pregunta. Si las seis comunidades que la custodian están enemistadas entre sí, ¿quién tiene las llaves del edificio? ¿Quién controla la entrada al inmueble?

En 1192, el famoso guerrero musulmán Saladino delegó la responsabilidad a dos familias musulmanas. A la familia Joudeh Al-Goudla le encargó la llave del Santo Sepulcro y a la familia Nusseibeh el control de la puerta. Este decreto ha continuado hasta nuestros días. Esto quiere decir que la Iglesia del Santo Sepulcro está realmente bajo custodia musulmana.

La historia de la lucha por el control del lugar de la tumba de Jesús es muy larga. Eusebio comenta en su Vida de Constantino que la tumba de Cristo ya era objeto de veneración por los primeros cristianos durante el siglo II d.C., y que, debido a su odio hacia los cristianos, Adriano edificó sobre el sepulcro un templo dedicado a Afrodita (o Venus). Más tarde, hacia 326 d.C., el emperador Constantino reemplazó el templo de Afrodita por la iglesia del Santo Sepulcro, la cual sería destruida el 18 de octubre de 1009 por el Imperio Fatimí. El templo fue reconstruido en 1048 pero permaneció bajo el control del Imperio Fatimí. Esta situación motivó la Primera Cruzada, que situó el control del Santo Sepulcro el 15 de julio de 1099 bajo el liderazgo del príncipe cruzado Godofredo de Bouillon, quien se hizo llamar Advocatus Sancti Sepulchri (defensor o protector del Santo Sepulcro). Más tarde, la iglesia del Santo Sepulcro cayó otra vez bajo el control del Imperio Otomano y desde entonces varias órdenes religiosas se han disputado la custodia recurriendo, incluso, al soborno.

Si hay algo que custodiar, sin embargo, no es la tumba de Cristo (que está vacía), sino su mensaje. ¿Quién es, realmente, el defensor de ese mensaje? Cristo dijo que es el Espíritu Santo: el Consolador (Juan 16:7-15). Todos los que somos movidos por el Espíritu Santo participamos en la defensa del evangelio.

Oro al Señor para que hoy seas encontrado fiel en tu custodia o protección del evangelio.

Recuerda, algunas veces defendemos el evangelio con nuestras palabras, pero la mayor parte del tiempo lo hacemos con nuestras acciones. ¿Qué testimonio das a tu comunidad?.

 

MEDITACIONES MATINALES JÓVENES 2013

¿SABÍAS QUE…?

Por: Félix H. Cortez

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