folleto segundoMartes 14 de mayo

UN NUEVO GOBERNANTE DE BELÉN

En el libro de Miqueas, el humor cambia a menudo drásticamente, del aba­timiento a una esperanza sublime. Esta esperanza se ve en una de las profecías mesiánicas más famosas.

Lee Miqueas 5:2. ¿De quién se habla aquí y qué nos enseña acerca de él? Ver también Juan 1:1-3; 8:58; Colosenses 1:16, 17.

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De una pequeña aldea de Judea saldría Alguien, desde la eternidad, para ser el gobernante de Israel. Miqueas 5:2 es uno de los versículos más preciosos de la Biblia, escrito para fortalecer la esperanza de la gente, que aguardaba ansiosamente al Líder ideal prometido por los profetas. Su gobierno iniciaría un tiempo de fortaleza, justicia y paz (Miqueas 5:4-6).

David era nativo de Bethlehem, un pueblo también llamado Efrata (Génesis 35:19). La mención de esta aldea enfatiza el origen humilde, tanto de David como de su futuro sucesor, quien sería el Verdadero Pastor de su pueblo (Miqueas 5:4). En la humilde aldea de Belén, el profeta Samuel ungió al hijo menor de Isaí, David, quien había de ser rey sobre Israel (1 Samuel 16:1-13; 17:12). Cuando los sabios vinieron buscando al recién nacido “rey de los judíos”, el rey Herodes les preguntó a los expertos en la Biblia dónde buscar (Mateo 2:4-6). Lo enviaron a este pasaje, que predecía que el Mesías vendría del pequeño pueblo de Bethlehem.

Por incomprensible que sea para nuestras mentes finitas y caídas, el bebé que nació era el Dios eterno, el Creador de los cielos y la Tierra. “Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre” (El Deseado de todas las gentes, p. 11). Por increíble que sea la idea, es una de las verdades más fundacionales del cristianismo: el Dios creador tomó sobre sí la humanidad y, en esa humanidad, se ofreció como sacrificio por nuestros pecados. Si te tomas el tiempo suficiente para meditar sobre lo que nos enseña acerca del valor de nuestras vidas y de lo que signifi­camos para Dios, puedes tener una experiencia que cambiará tu vida. Cuando tantas personas luchan para encontrar un propósito y un significado para su existencia, nosotros tenemos el fundamento de la cruz, que no solo nos ancla en lo que significa nuestra vida, sino también nos da la esperanza de algo más grande de lo que el mundo alguna vez pudiera ofrecernos.

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