Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

Martes 14 de mayo:

Un nuevo Gobernante de Belén

No podemos entender cómo Cristo se convirtió en un niñito impo­tente. Podría haber venido a la tierra con tal belleza que no hubiera sido como los hijos de los hombres. Su rostro podría haber resplandecido de luz, y su forma podría haber sido alta y bella. Podría haber venido de tal manera como para encantar a los que lo miraran; pero esa no era la forma en que Dios quería que viniera entre los hijos de los hombres. Había de ser como los que pertenecen a la familia humana y a la raza judía… Había venido a ocupar el lugar del hombre, a darse en prenda a sí mismo por el hombre, a pagar la deuda de los pecadores. Había de vivir una vida pura en esta tierra, y mostrar que Satanás había dicho una falsedad cuando pretendió que la familia humana le pertenecía para siempre y que Dios no podía arrebatar a los hombres de sus manos.

Los hombres primero vieron a Cristo como a un nene, como a un niño. Sus padres eran muy pobres, y no tuvo nada en esta tierra salvo lo que tienen los pobres. Pasó por todas las pruebas por las que pasan los pobres y humildes desde la niñez a la adolescencia, de la juventud a la virilidad…

Mientras más pensamos en Cristo convertido en un niñito aquí en la tierra, más maravilloso nos parece. ¿Cómo puede ser que el desvalido niño del establo de Belén sea el divino Hijo de Dios? Aunque no poda­mos comprenderlo, podemos creer que Aquel que hizo los mundos, debido a nosotros se convirtió en un niño desvalido… En él, Dios y el hombre se vuelven uno, y en ese hecho radica la esperanza de nuestra raza caída. Contemplando a Cristo en la carne, contemplamos a Dios en la humanidad, y vemos en él el resplandor de la gloria divina, la expresa imagen de Dios el Padre (A fin de conocerle, p. 28).

Cristo vivió una vida de intenso trabajo desde sus más tiernos años. En su juventud, trabajó con su padre en el oficio de carpintero y así honró toda labor. Aunque era el Rey de toda la gloria, al seguir un humilde oficio, reprochó la ociosidad en cada miembro de la familia humana, y significó toda labor como noble… Desde la niñez fue un modelo de obediencia y laboriosidad. Era como un agradable rayo de sol en el círculo familiar. Fiel y alegremente cumplió con su parte en los humildes deberes…

Aunque su sabiduría había asombrado a los doctores, humilde­mente se sometió a sus guardianes humanos… El conocimiento que adquiría diariamente en su admirable misión no lo descalificó para realizar los más humildes deberes. Alegremente emprendía el trabajo que incumbe a los jóvenes que moran en hogares apremiados por la pobreza. Comprendía las tentaciones de los niños, pues soportaba sus pesares y pruebas… Aunque tentado al mal, rehusaba apartarse en un solo momento de la más estricta verdad y rectitud (A fin de conocerle, p. 32).

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