NOTAS DE ELENA 2013Martes 15 de enero:
Creación de los animales terrestres
Los hombres de más alta inteligencia no pueden entender los mis-terios de Jehová revelados en la naturaleza. La inspiración divina hace muchas preguntas a las cuales los sabios más profundos no pueden responder. Estas preguntas no fueron hechas para que las contestáramos, sino para que llamaran nuestra atención a los pro-fundos misterios de Dios y nos enseñaran que nuestra sabiduría es limitada; que en la esfera en que nos movemos en la vida cotidiana hay muchas cosas que superan a la inteligencia de los seres finitos.
Los escépticos se niegan a creer en Dios porque no pueden abar-car el infinito poder por medio del cual se revela. Pero hay que reco-nocer a Dios tanto por lo que él no nos revela acerca de sí mismo como por lo que está al alcance de nuestra limitada comprensión. En la revelación divina y en la naturaleza, Dios ha escondido misterios que nos imponen la fe. Y así debe ser. Bien podemos estar siempre escudriñando, investigando y aprendiendo, y seguir encontrándo-nos, sin embargo, frente a lo infinito (El ministerio de curación, p. 338).

Sin embargo, como las investigaciones de la ciencia humana no pueden explicar los caminos y las obras del Creador, los hombres prefieren dudar de la existencia de Dios, y atribuyen a la naturaleza un poder infinito. La existencia de Dios, su carácter y su ley son hechos que ni los pensadores más capacitados pueden discutir. Nie-gan las demandas de Dios y descuidan los intereses de sus almas porque no pueden entender los caminos de Dios ni sus obras. Sin embargo, Dios procura siempre instruir a los hombres limitados pa-ra que puedan ejercer fe en él y confíen plenamente en sus manos. Cada gota de lluvia o copo de nieve, cada brizna de hierba, cada hoja
y flor y arbusto testifican de Dios. Esas cosas pequeñas, tan comunes alrededor de nosotros, enseñan la lección de que nada queda exclui-do sin que lo advierta el Dios infinito, y de que nada es demasiado pequeño para que escape a su atención (Comentario bíblico adven-tista, tomo 3, p. 1159).

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