Martes 16 de mayo 2017 | La resurrección de Jesús | Una Pausa en el Camino | Escuela Sabática

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Lee 1 Pedro 1:3, 4 y 21; y 3:21; Juan 11:25; Filipenses 3:10 y 11; y Apocalipsis 20:6. ¿Qué gran esperanza nos señalan estos textos, y que significa para nosotros?

Como ya hemos visto, 1 Pedro está dirigida a aquellos que están sufriendo por causa de su fe en Jesús. Entonces, es muy apropiado que, justamente al inicio de su carta, Pedro oriente la atención de sus lectores a la esperanza que les aguarda. Como dice Pedro, la de un cristiano es una esperanza viva, precisamente porque es una esperanza que descansa sobre la resurrección de Jesús (1 Ped. 1:3). Gracias a la resurrección de Jesús, los cristianos pueden esperar una herencia en el cielo que no perecerá ni se desvanecerá (1 Ped. 1:4). En otras palabras, no importa cuán difícil se ponga nuestra situación, piensa en lo que nos espera cuando todo termine.

De hecho, la resurrección de Jesús de los muertos es una garantía de que nosotros también podemos ser resucitados (1 Cor. 15:20, 21). Como lo dice Pablo: “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Cor. 15:17). Pero, la resurrección de Jesús de entre los muertos nos ha mostrado que él tiene el poder de conquistar la muerte misma. Así, la esperanza del cristiano se basa en el evento histórico de la resurrección de Cristo, que es el fundamento de la nuestra al fin del tiempo.

¿Dónde estaríamos sin esta esperanza, sin esta promesa? Todo lo que hizo Cristo por nosotros culmina en la promesa de la resurrección. Sin eso, ¿qué esperanza tendríamos nosotros, especialmente considerando que sabemos que, contrariamente a la creencia popular cristiana, los muertos están en un estado de sueño inconsciente en la tumba?

“Para el cristiano, la muerte es tan solo un sueño, un momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios y ‘cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria’ […]. En su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz, y surgirán a una vida gloriosa e inmortal” (DTG 731).

Piensa en la aparente irrevocabilidad de la muerte. Es tan dura, tan implacable y tan real. ¿Por qué, entonces, la promesa de la resurrección es tan importante para nuestra fe, y para todo lo que creemos y esperamos?

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