Notas de Elena - Libro - Segundo trimestre 2013 - Escuela Sabática

Notas de Elena – Libro – Segundo trimestre 2013 – Escuela Sabática

El don del Espíritu de Dios

En cada época, el don del Espíritu Santo ha sido la gran promesa para la iglesia. “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne”. Hay provi­sión para todos. A cada alma que se convierte a la verdad se le pro­mete el Espíritu; cada alma que se agrega a la iglesia debe ser educada para ganar almas para el Maestro.

El Señor requiere que todos los cristianos sean llenos del Espíritu Santo a fin de que consagren sus medios y talentos para la obra. Considerarán que es lo mínimo que pueden hacer en respuesta a lo que hizo el Redentor del mundo. Utilizarán cada jota y cada tilde de su influencia para ayudar a otros a apreciar el Don celestial. La ausencia de medios o de influencia por parte de alguien cuyo nombre está en los registros de la iglesia, significa que el tal le ha robado a Dios. Todos deben compartir las cargas y llevar el yugo de Cristo. Nadie está excusado; todos tendrán que dar cuenta de su trabajo por otras almas.

La prometida influencia del Espíritu Santo modela, prepara y capacita al obrero para cooperar con las inteligencias celestiales. Llegará a ser un representante activo y viviente mediante el cual Dios pueda manifestarse. En cambio, aquel que no se presenta cada día para que el Maestro lo utilice, deshonra su profesión de fe y deshonra al Espíritu Santo, quien ha sido designado para ayudar en la gran obra de buscar a las almas (Review and Herald, 22 de marzo, 1898).

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones. Y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profe­tizarán” (Hechos 2:14-18).

Las palabras de Pedro hicieron una profunda impresión. Muchos que habían ridiculizado la religión de Jesús, se convencieron ahora de la verdad. Ciertamente era irrazonable pensar que más de cien perso­nas estaban intoxicadas a esa hora del día, máxime cuando se trataba de una solemne fiesta religiosa. Esta demostración sorprendente ocu­rrió antes de la comida en la que muchos bebían vino. Pedro mostró que esta manifestación era el directo cumplimiento de la profecía de Joel, que predecía tal descenso de poder para que los siervos de Dios cumplieran una obra especial (Folleto: Redemption: or the Ministry of Peter and the Conversion of Saul, pp. 7, 8).

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