Martes 20 de noviembre:

La misión de la iglesia

 Cuando Cristo ascendió al cielo, dejó la iglesia y todos sus intereses como cometido sagrado a sus seguidores. Y la obra de la iglesia no es dejada al predicador solo, ni a unos pocos dirigentes. Cada miembro debe sentir que tiene parte en un solemne pacto hecho con el Señor de trabajar para promover los intereses de su causa en todas las ocasiones y circunstancias. Cada uno debe tener alguna parte que desempeñar, alguna carga que llevar. Si todos  lo miembros  de la iglesia sintiesen una responsabilidad individual, se lograría mayor progreso en las cosas espirituales. La solemne carga de la responsabilidad que recae  sobre ellos los induciría a buscar a  menudo a Dios para obtener fuerza y gracia.

El verdadero carácter de la iglesia se mide, no por la elevada profesión que haga, ni por los nombres inscriptos en sus registros,  sino por lo que hace en realidad por el Maestro, por el número de obreros perseverantes y fieles con que cuenta. El esfuerzo personal y abnegado logrará más para la causa de Cristo que lo que pueda hacerse por medio de sermones o credos (Obreros evangélicos, pp. 210, 211).

No es únicamente la responsabilidad del ministro sino de cada miembro de iglesia representar a Cristo en el mundo. Cada uno debe recibir los rayos de luz que emanan de Jesús y reflejarlos sobre las almas enceguecidas por el error e infatuadas por falsas doctrinas. Cada uno debe mantener en alto la verdadera norma de justicia que presenta la santa ley de Dios, en contraposición a la falsa norma que mantiene el mundo. Satanás está tratando de confundir la luz con las tinieblas y las tinieblas con la luz; está tratando de mezclar la verdad con el error y el error con la verdad; desearía cubrir caya rayo de luz que proviene del trono de Dios con sus propias tinieblas. Pero los hijos de Dios están aquí, cada uno de ellos con el propósito de iluminar al mundo. Cuanto más se desprecia, se condena y se opone a la luz, tanto más ellos ven la necesidad de hacer brillar su luz a otros. Ellos tienen la orden divina de guiar a las almas a la justicia, a la verdad y al cielo. La antorcha de la verdad debe brillar tanto sobre los que quieran como sobre los que no quieran recibirla. Cuando Cristo ascendió a lo alto, la iglesia quedo como el medio por el cual la luz debía ser comunicada al mundo. “Vosotros sois la luz del mundo”. A cada cristiano se le requiere ser una luz viviente y brillante en el mundo. Para ello debe luchar con Dios en oración secreta, y entonces salir en el espíritu de Cristo para dialogar con la gente, mostrando que ha estado en la atmósfera del paraíso y ha sido ungido para su misión. Sus palabras bien escogidas, y su mismo rostro, reflejarán  la imagen de su Maestro. Será la luz del mundo; una carta conocida y leída de todos los hombres (Review and Herald, 18 de marzo, 1887).

La iglesia de Cristo es el medio señalado por Dios para la salvación de los seres humanos. Su misión es llevar el evangelio al mundo. Cristo dijo a los representantes de su iglesia: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Esta comisión es ilimitada. Las buenas nuevas de un Salvador: Cristo muriendo en la cruz como nuestro sacrificio, Cristo como nuestro Sumo Sacerdote e Intercesor ante Dios, Cristo como nuestro Rey y Libertador regresando para redimir a su pueblo ; este es el mensaje que debe ser llevado a todo el mundo ; a toda  nación, tribu, lengua y pueblo. Y es la obligación de todo cristiano. Cada uno, sirviendo al máximo con sus talentos y oportunidades, debe cumplir esta comisión. El amor de Cristo revelado en nosotros, nos hace deudores hacia todos los que no lo conocen. Ellos son nuestros hermanos, y el Señor nos ha dado luz, no para reservarla para nosotros, sino para compartirla con ellos (The Home Missionary, 1º de noviembre, 1890).

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