Martes 22 de septiembre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | Citius, altius, fortius

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Corintios 9:24, 25).

El 12 de agosto de 2012, Abel Kirui, natural de Kenia, adventista del séptimo día, cruzó la línea de meta de la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres. Entonces, cayó de rodillas, inclinó su cabeza y se puso a orar. ¡Había ganado la medalla de plata! El mundo entero fue testigo de su gesto de gratitud a Dios.
¿Cómo se alcanzan estos objetivos? Con mucho esfuerzo y trabajo. Abel dedica cuatro meses preparándose intensivamente para una carrera: corre veintiún kilómetros por la mañana y quince por la tarde; además, se acuesta temprano y se levanta antes de la salida del sol para encontrarse con Dios. A eso hay que agregar una alimentación sana. Los maratonistas solo corren dos o tres carreras grandes cada año. Su lema es: “Las casualidades son oportunidades que favorecen a los que están preparados para aprovecharlas”.
Los juegos olímpicos comenzaron en 776 a.C., en Olimpia (Grecia) y fueron suspendidos en el 394 d.C. por el emperador Teodosio. Eran practicados únicamente por hombres y los vencedores recibían como premio una corona de ramas de olivo. Quince siglos después, el barón Pierre de Coubertin consiguió restablecerlos el 16 de junio de 1896, iniciándose así los juegos olímpicos de la era moderna. En su discurso de inauguración pronunció el lema Citius, “más rápido”, la carrera; Altius, “más alto”, el salto; y Fortius, “más fuerte”, la lucha.
El apóstol Pablo usa repetidas veces en sus epístolas la imagen de los atletas compitiendo en el estadio para ilustrar los altos ideales éticos y ascéticos de la vida cristiana: la superación, la perseverancia, la resolución firme, el esfuerzo, el sacrificio, el respeto de las normas, la finalización de la prueba, la llegada a la meta, la recepción del premio. Los atletas se esfuerzan por obtener el triunfo, pero los cristianos tenemos algo mucho mayor que la victoria (Rom. 8:37). Nuestro galardón es estar al lado de nuestro amado Jesús: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (8:38, 39).
Prosigue hoy tu carrera cristiana hasta llegar a la meta. Pronto el buen Dios te dará la corona de vencedor.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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