NOTAS DE ELENA 2013Martes 22 de enero:
La creación en Job
No es algo liviano pecar contra Dios; erigir la perversa voluntad del hombre en oposición a la voluntad de su Hacedor. Conviene a los mejores intereses de los seres humanos, aun en este mundo, obedecer los mandamientos de Dios. Y conviene, por cierto, a su eterno interés someterse a Dios y estar en paz con él. Las bestias del campo obedecen la ley de su Creador por medio del instinto que las gobier-na. Dios le habla al orgulloso océano y le dice: “Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante” (Job 38:11). Los planetas marchan en perfecto orden obedeciendo las leyes que Dios ha establecido. De todas las criaturas que Dios ha hecho sobre la tierra, solo el ser humano es el único rebelde, a pesar de que posee razonamiento para entender los reclamos de la ley divina, y una conciencia que le hace sentir culpa por la transgresión o paz y gozo cuando obedece. Dios lo hizo un agente moral libre, para obedecer o desobedecer. La recompensa de la vida eterna -un eterno peso de gloria- se promete a los que hacen la voluntad de Dios (The Sanctified Life, p. 76; parcialmente en, Re-flejemos a Jesús, p. 87).
Adán y Eva estaban encargados del cuidado del jardín, para que lo guardaran y lo labrasen. Aunque poseían en abundancia todo lo que el Dueño del universo les podía proporcionar, no debían estar ociosos. Se les había asignado como bendición una ocupación útil, que habría de fortalecer su cuerpo, ampliar su mente y desarrollar su carácter.
El libro de la naturaleza, al desplegar ante ellos sus lecciones vi-vas, les proporcionaba una fuente inagotable de instrucción y delei-te. El nombre de Dios estaba escrito en cada hoja del bosque y en cada piedra de las montañas, en toda estrella brillante, en el mar, el cielo y la tierra. Los moradores del Edén trataban con la creación animada e inanimada; con las hojas, las flores y los árboles, con toda criatura viviente, desde el leviatán de las aguas, hasta el átomo en el rayo del sol, y aprendían de ellos los secretos de su vida. La gloria de Dios en los cielos, los mundos innumerables con sus movimientos prefijados, “las diferencias de las nubes”, los misterios de la luz y el sonido, del día y de la noche, todos eran temas de estudio para los alumnos de la primera escuela de la tierra (La educación, p. 21).
“Respondió Jehová a Job desde un torbellino” (Job 38:1), y reveló a su siervo la grandeza de su poder. Cuando Job alcanzó a vislumbrar a su Creador, se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. Entonces el Señor pudo bendecirle abundantemente y hacer de modo que los últimos años de su vida fuesen los mejores (Profe-tas y reyes, p. 120).

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