Martes 27 de octubre 2015 | Devoción Matutina para Adultos 2015 | Temerarias palabras

“Ahora, pues, yo te ruego que hagas un trato con el rey de Asiria, mi señor: Yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que los monten” (Isaías 36:8).

El ejército asirio era uno de los más poderosos del mundo. Senaquerib, su rey, estaba en guerra con Egipto y, aunque el pequeño reino de Judá, aliado de Egipto, no representaba un enemigo peligroso, mandó al copero mayor con un gran ejército para que sitiara la ciudad de Jerusalén y conminara a su rey, Ezequías, a rendirse y cambiar la alianza. El mensajero asirio, sabiendo que el ejército de Ezequías carecía de caballería, le ofreció un pacto ventajoso: “Yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que los monten”. ¡Pero Judá no disponía de dos mil jinetes! Además, para que no se pueda dudar de su historicidad,
fue escrito con todo detalle en una inscripción cuneiforme hallada en las ruinas de Nínive, y las crónicas griegas también lo citan atribuyendo la destrucción del ejército asirio no al ángel de Jehová, como dice la Biblia, sino a una epidemia.
Haciendo una aplicación homilética del pasaje, los dos mil caballos son las oportunidades y los medios que Dios puede poner a disposición de cada uno de nosotros, como providencias reales, para resolver las circunstancias difíciles que nos depare el presente y el futuro. Y los dos mil jinetes existen, no son una hipótesis, ni mucho menos una ficción. Los dos mil jinetes somos todos los que estemos dispuestos a aventurarnos, a adaptarnos, a aprender, a probar, a experimentar, a arriesgar. Para ello debemos ser hombres y mujeres de fe firme, que crean en las promesas de Dios, que confíen en los planes divinos, que obedezcan sus órdenes; hombres y mujeres de visión que vean las nuevas oportunidades que se ofrecen, que sepan lo que la iglesia debe hacer, que fijen objetivos sin quedarse cortos ni pasarse; hombres y mujeres que sepan trabajar en equipo; hombres y mujeres consagrados, dispuestos al sacrificio, incansables; hombres y mujeres con formación adquirida, como David en el uso de su honda, como Pablo de quien Dios dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es éste para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel” (Hech. 9:15).
Esta es la aplicación espiritual que podemos dar a la historia real de los enviados de Senaquerib y Ezequías. Lo imprevisible ocurrió y la Providencia envió a su ángel que dio la victoria al rey de Judá.
Porque hay un Dios en los cielos… no permitirá que su pueblo sea destruido.
Al final, le dará la victoria.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2015
Pero hay un DIOS en los cielos…
Por: Carlos Puyol Buil
Lecturas devocionales para Adultos 2015
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