Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. (Proverbios 4:26)

Emigrar a otro país dejando familia y amigos atrás no es fácil. Mi familia y yo tuvimos la oportunidad de viajar de Perú a México, donde vivimos doce años. Un día recibimos la aprobación para obtener la residencia norteamericana, algo que habíamos estado gestionando durante catorce años, y decidimos que yo sería la primera en viajar a Estados Unidos, y luego mi hijo menor decidió que me acompañaría, ya que deseaba estudiar en una de nuestras universidades. Mi esposo y mi hijo mayor se quedaron en México, con la seguridad de que pronto estaríamos juntos. Vendimos todo lo que habíamos adquirido en aquellos doce años. Renuncié a mi empleo y viajé al «país de las oportunidades». Yo estaba segura de que Dios deseaba esa opción para nosotros.

Conforme pasaron los meses me di cuenta de que no era fácil luchar sin mi esposo. Pensé en las muchas mujeres que como yo dejan sus hogares para encontrar su bienestar. Una felicidad basada en las comodidades, pero vacía por la ausencia del esposo y los hijos. Luego se hizo necesario que regresáramos a México, porque mi hijo se enfermó, y hoy estamos nuevamente juntos. Ahora comprendo que los caminos del hombre no son los de Dios, y que aquella había sido una decisión motivada por la comodidad y el bienestar. Además, comprendí que mi esposo y mis hijos son el tesoro más grande que Dios me ha dado. El Señor no deseaba que estuviéramos separados.

Elena G. de White escribió: «El dinero tiene gran valor porque puede hacer mucho bien, pero el dinero no es de más valor que la arena, a menos que sea usado para satisfacer las necesidades de la vida, beneficiar a otros y hacer progresar la causa de Cristo» (Mensajes para los jóvenes, cap. 10, p. 220).

¿Qué hacer para no tomar decisiones apresuradas? La clave está en no limitar la vida cristiana a una hora diaria, o a dos o tres horas en la iglesia. En la Biblia leemos: «Examina la senda de tus pies y todos tus caminos sean rectos». No nos apartemos de Jesús, permitamos que el forme parte de nuestras vidas, y guiará nuestro camino

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