Martes 28 de enero – Devoción Matutina para Menores 2014 — Único en tu estilo

«Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro» (Salmo 139: 16, NTV).

Mírate en un espejo y dime qué ves. ¿Tu cabello castaño? ¿Un mechón rojo? ¿Rizos rubios o trenzas negras? ¿Ves tus ojos marrones mirándote fijamente? ¿Azules? ¿Verdosos? ¿Te parece que podrías hacer un dibujo uniendo los puntos con las pecas de tu cara? ¿Tus oídos puntiagudos estropean lo que sin ellos sería un rostro bien proporcionado? ¡Y esos frenillos en los dientes! ¿No te hace ver como un extraterrestre ese brillo en la boca? Mira esa nariz, que según tú es demasiado grande, demasiado aplastada, o demasiado __________ (llena el espacio en blanco). ¿Alguna vez has visto un rostro que sea exactamente igual al tuyo? Incluso si tienes un hermano o hermana gemela, tu rostro es ligeramente diferente al de él o ella.
El día que naciste, la enfermera te envolvió en una cobija azul o rosada y te puso un gorrito en la cabeza. ¿Te imaginas lo difícil que habría sido para tus padres, tus tíos, o tus hermanos, identificarte si te hubieran puesto al lado de todos los recién nacidos del hospital? Lo más seguro es que no hubieran podido saber cuál de los bebés sin cabello, sin dientes, y arrugados eras tú.
Afortunadamente, a medida que los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, comenzaste a verte mejor. Tus facciones se fueron demarcando, y empezaste a presentar los rasgos faciales de tu familia, hasta que te convertiste en la hermosa persona que ves hoy en el espejo. Y aún no estás terminado. Los próximos diez, veinte, mil años te cambiarán de maneras que no puedes ni imaginar.
Pero tu Padre celestial sí conoce los cambios que ocurrirán. Él se ha ocupado personalmente de ti desde el primer momento de tu existencia. Antes de que te llevaran al retén del hospital, antes de que se escuchara tu primer llanto, antes de que salieras de tu pequeño y cálido cascarón, tu Padre celestial ya conocía la desviación de tu nariz y sonreía con tus orejas de duende.
Una vez más vio una reproducción de su imagen, y le pareció que era bueno.
Mírate de nuevo en el espejo. ¿Puedes ver la hermosa persona que Dios ve cuando él te mira? ¿Puedes ver la criatura hecha a su imagen y semejanza?
¿Puedes ver a aquel a quien él considera la corona de su creación?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2014
EN LA CIMA
Por: Kay D. Rizzo
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