folleto segundoMartes 28 de mayo

UNA CIUDAD CORRUPTA

Un proverbio chino dice que el lugar más oscuro de una habitación está inmediatamente debajo de la vela. Este proverbio podría aplicarse a la condi­ción moral de Jerusalén en los días de Sofonías. El profeta ha completado la proclamación de los juicios divinos sobre los países vecinos de Judá (ver Sofonías 2), tales como Filistea, al oeste; Moab y Amón, al este; Cush, al sur; y Asiria, al este. No obstante, no se detiene allí. Sigue exponiendo los pecados de quienes viven en la ciudad propia de Dios sobre la Tierra, en Jerusalén misma.

Lee Sofonías 3:1 al 5. ¿A quién se condena, y por qué? Pregúntate: ¿Cómo podía el pueblo de Dios, los que recibieron tanta luz y verdad, acabar tan corrompidos? ¿Cómo podemos protegernos de que nos ocurra lo mismo?

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La capital de Judá está en el centro de la preocupación de Sofonías. Acusa a sus dirigentes de la degradación moral de la ciudad. La corrupción surge directamente de su fracaso como líderes en vivir a la altura de las funciones y las responsabilidades que les han sido asignadas (comparar con Jeremías 18:18; Ezequiel 22:23-30). La corte corrupta, manejada por oficiales, se compara con “leones rugientes”, y los jueces son caracterizados como “lobos nocturnos”. El Templo no lo pasa mejor, porque los sacerdotes no enseñan la palabra de Dios, ni los profetas hablan la verdad.

“Durante el reinado de Josías, la palabra del Señor fue comunicada a So­fonías, para especificar claramente los resultados de la continua apostasía, y llamar la atención de la verdadera iglesia a las gloriosas perspectivas que la esperaban. Sus profecías de los juicios a punto de caer sobre Judá se aplican con igual fuerza a los juicios que han de caer sobre un mundo impenitente en ocasión del segundo advenimiento de Cristo” (Profetas y reyes, p. 287).

Mira a tu alrededor. Por atrayente que sea, el mundo, en última instancia, está condenado a la destrucción. Uno ni siquiera tiene necesidad de creer en la Bi­blia para ver cuán fácilmente podría ocurrir esta destrucción. ¿Por qué Dios es nuestra única esperanza, y cómo podemos aprender a depender más de él y no confiar en las cosas vanas de este mundo?

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