NOTAS DE ELENA 2013Martes 29 de enero:

Hechos de una sangre

Dios ha hecho de una sangre a todas las naciones, y esta es la gran verdad de la familia humana. Cada uno se relaciona con su prójimo por creación y por redención. Esta era la gran verdad que Cristo constantemente buscaba presentar delante de sus discípulos y delante de sus oyentes. La fiesta en la casa del fariseo fue una ocasión para que él presentara nuestra responsabilidad individual hacia la raza humana y los deberes que cada uno tiene hacia sus prójimos (Re- view and Herald, 12 de noviembre, 1895).

…Los mismos factores que separaban de Cristo a los hombres hace mil ochocientos años están actuando hoy. El espíritu que levantó el muro de separación entre judíos y gentiles sigue obrando. El orgullo y el prejuicio han levantado fuertes murallas de separación entre diferentes clases de hombres. Cristo y su misión han sido mal representados, y multitudes se sienten virtualmente apartadas del ministerio del evangelio. Pero no deben sentirse separadas de Cristo. No hay barreras que el hombre o Satanás puedan erigir y que la fe no pueda traspasar…

Las castas son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista las almas de todos los hombres tienen igual valor. “De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros”. Sin distinción de edad, jerarquía, nacionalidad o privilegio religioso, todos están invitados a venir a él y vivir. “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia”. “No hay judío, ni griego; no hay siervo, ni libre”. “El rico y el pobre se encontraron: a todos ellos hizo Jehová”. “El mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” {El Deseado de todas las gentes, pp. 369,370).

 

El propósito del evangelio se cumple cuando se realiza este gran fin. Su obra, a través de los siglos, consiste en unir los corazones de sus seguidores en un espíritu de fraternidad universal, por medio de la fe en la verdad, para fundar de esta manera el sistema de orden y armo- nía del cielo en la familia de Dios en la tierra, a fin de que ellos sean considerados dignos de convertirse en miembros de la real familia de lo alto. Dios, en su sabiduría y misericordia, prueba a los hombres y las mujeres aquí, para ver si obedecerán su voz y respetarán su ley, o si se rebelarán como Satanás…

El propósito de Dios al dar la ley a la raza humana caída fue que el hombre pudiera, por medio de Cristo, elevarse de su baja condición para llegar a ser uno con Dios, para que los mayores cambios morales pudieran manifestarse en su naturaleza y carácter. Esta transformación moral debe efectuarse, o en caso contrario el hombre no sería un súbdito seguro en el reino de Dios, porque produciría una rebelión (Hijos e hijas de Dios, p. 52).

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