«Se han oxidado su oro y su plata. Ese óxido dará testimonio contra ustedes y consumirá como fuego sus cuerpos. Han amontonado riquezas, ¡y eso que estamos en los últimos tiempos!» (Santiago 5:3, NVI).

 Al terminar nuestra travesía por el libro de Santiago encontramos estas duras palabras. Santiago está hablando con alguien que tiene oro y plata, y le está diciendo que estos se han oxidado. ¿Sabes qué es el óxido? ¿Alguna vez has visto un metal oxidado? El óxido es corrosión. El óxido aparece cuando el metal y el aire húmedo entran en contacto. El aire de por sí se come el metal. Pero en todas partes hay aire, ¿verdad? ¿Por qué entonces no todos los metales se oxidan? Porque la mayoría de ellos están cubiertos de pintura u otro material que evita que el aire los toque.

A algunas personas les preocupa mucho el hecho de tener dinero. La Biblia dice que Dios cuidará de nosotros y que no deberíamos preocuparnos por tener el dinero necesario para vivir.  El versículo de hoy nos dice que el oro y la plata se oxidarán de todas maneras. Cuando morimos, de nada nos sirve el dinero que tenemos. No podremos comprar nada en el cielo con él. Jesús es lo único que importa. Él no se deteriora ni se oxida. Él no nos abandonará jamás. Mientras esperamos el segundo regreso de Jesús a esta tierra, dejemos de preocuparnos por cosas como el dinero. Jesús nos dará todo lo que necesitamos

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